Lo último que os dejo hoy, no será la segunda entrega del "NO a Darwin", sino que serán dos artículos sobre el Carlismo. El primero extraído de Miles Christi y el segundo del El Matiner Carlí:
Desde El Matiner

Desde que algunos católicos han ido a engrosar las filas doctrinarias, parte por su culpa y parte por la guerra innoble y la lluvia de denuestros de los que estaban interesados en alejarlos del campo tradicionalista,...la gran fuerza social y política llamada comunión católico-monárquica se ve asediada por los tiros de estas banderías, que con sus continuas algaradas y escaramuzas distraen sus fuerzas para que no las emplee en luchar con la Revolución asoladora, que todo lo avasalla, sirviéndole así de avanzada a fin de que en la hora suprema quede para las huestes liberales el campo de batalla.
Y aunque separados por el procedimiento, y haciéndose la guerra como errores opuestos que son, ponen término a sus querellas, y acallan sus odios cuando se trata del enemigo común, y, como si formasen un solo partido y profesasen una misma doctrina, gritan unánimes que ya es hora de acabar con las batallas chicas y de reñir los grandes combates, por lo cual es necesario prescindir de legitimidades y formas de gobierno, que son cosas accidentales y transitorias, y encerrarse en el terreno puramente religioso, teniendo en cuenta que primero se debe buscar el reino de Dios y su justicia, porque todo lo demás se nos dará por añadidura.
Esta hipócrita celada en que han caído no pocos espíritus sencillos cegados por el misticismo y aparente generosidad en que va envuelta, redúcese, bien examinado el asunto, a despreciar, como enojosa impedimenta para el combate, el derecho y las tradiciones de los pueblos en que se pelea. Porque la legitimidad no es sólo el título de los poderes que se fundan en una ley histórica o en una costumbre, sino el sello augusto que les imprime la conformidad con la ley divina y el derecho nacional; y creer, por lo tanto, que la legitimidad es un mero litigio dinástico que únicamente se refiere al origen del mando o que es cosa tan baladí la rectitud de su ejercicio que acciones no intencionales bastan para borrarla, o que pueda ser retirada y concedida en nombre del criterio particular por conciliábulos de periodistas y aun por multitudes unánimes, es sencillamente relegar con jansenístico respeto la potestad de la Iglesia al lugar de las cosas inútiles, y sustituirla con la razón independiente de toda norma y autoridad que no se apoye en ella misma. En suma: que es profesar el principio racionalista, más la hipocresía, para mejor defender la verdad católica que condena ambas cosas.
Añádese a esto que la forma de Gobierno, cuando es secular, como en España, y ha sido, juntamente con la Iglesia, causa de la unidad nacional, y a la vez elemento, y en parte presión del espíritu y voluntad unánime de la cadena de generaciones en que tomó cuerpo la nación, es principio esencial de la constitución interna y cosa inherente a la patria, de la cual es tradición política fundamental. Querer, pues, que se prescinda de ella para mejor defender a la Iglesia, es pedir en buenos términos que se reniegue de la patria y se rechace su constitución secular, y hasta se reniegue de la historia y de la nación, que sin la Monarquía ni se comprende ni se explica.
Pero nótese que las tradiciones, como los derechos, están unidos por el vínculo común, y que, quien conculca o viola uno, indirectamente los hiere todos. Primero caería el Trono, después el Altar, y sólo quedaría en pie el orgullo racionalista convertido en ariete de la obra de los siglos.
¡El Derecho, la Monarquía y la Tradición nacional, cosas secundarias y accidentales! ¡Y que esto lo digan gentes que presumen de purísima fe religiosa! (...)
A esta extraña aberración ha conducido en algunos el afán de sincerar su conducta desatentada con la única comunión social y política de España sometida incondicionalmente al servicio de la Iglesia. ¡Como si a la Revolución se la combatiese mejor cediéndole parte del campo y oponiendo a sus negaciones rotundas afirmaciones incompletas!
Tal es, en suma, uno de los sofismas fundamentales con que las banderías separadas de la comunión tradicionalista fingen defender a la Iglesia haciendo guerra a aquellos de sus hijos que no creen que, para defender a sus madre, necesiten renunciar a los deberes que ella inculca y a las intituciones nacidas bajo su influencia y amamantadas en su seno (...)
Juan Vázquez de Mella. La persecución religiosa y la Iglesia independiente del Estado Ateo. Obras completas, volumen quinto. "
Eso es todo por hoy; el 28 de febrero: ¡El Grito de Río Branco! ¡Viva Cristo Rey!
"CATÓLICO: EL SISTEMA ES TU ENEMIGO; TU OPCIÓN POLÍTICA, EL CARLISMO
Pero ¿cómo se restaura el espíritu que anima las tradiciones? ¿Cómo se restauran las creencias católicas, que eran centro del espíritu tradicional, y se las difunde por todos los miembros de nuestra sociedad, devolviendo la vida a los que están yertos o aumentando la energía de los que aun no han sucumbido, llevándolas hasta la cima del poder para que recobren en el Estado su imperio? No se puede contestar a esta pregunta sin examinar la última parte, por cierto importantísima, de la fórmula de la unión de los católicos, que se refiere al procedimiento y a la conducta para la reconquista de la tesis perdida.
Los medios legales y pacíficos, la evolución prudente, es lo que preconiza como el mejor método de restauración católica. Y a este procedimiento se le considera de tal modo importante, que, discrepar de la regla de conducta que él señala, es romper abiertamente con la fórmula de unión; por lo cual bien puede decirse que, más que procedimiento, es uno de sus principios capitales.
¿Y cuáles son los fundamentos en que se apoya? Un error de estrategia y una táctica opuesta a todas las que se han conocido en la historia de las luchas políticas y militares. El error de estrategia es precisamente, en lo que se refiere a la conducta, la causa principal del estado de la Iglesia en España y de la situación de los católicos españoles. ¿Y en qué consiste ese error de estrategia? Consiste, señores, en que estamos siempre a la defensiva y no tomamos la ofensiva nunca. Todo se reduce a parar los golpes fuertes, a resistir cuando nos atacan mucho, y mientras tanto a descansar en la inercia, esperando descuidados la nueva acometida. Aun los momentos heroicos de las luchas cruentas, a que debemos todo lo poco que conservamos, tuvieron más su origen en las agresiones de los adversarios que en las iniciativas propias. Y no hay que decir lo que ha sucedido en los largos períodos de paz material y de lucha moral. Esta es la razón, señores, de que nuestra historia contemporánea resulte una serie de treguas y de armisticios que suelen acabar en pactos que llevan aparejada una infamante servidumbre.
(...) Señores: con esta estrategia se puede hacer el recuento de todas las batallas que se han perdido, pero no es posible empezar la lista con una sola que se haya ganado (...)
¡Que se deben emplear los medios legales y pacíficos! ¿Quién lo duda? Pero ¿acaso esos medios son suficientes, no ya para restaurar la tesis católica, sino para mejorar, de un modo estable, de suerte, y poder poner en peligro al adversario? ¿Cuándo se ha hecho una revolución católica, es decir, una restauración de la verdad, dentro de la ley enemiga y contra el poder que la ha establecido y que la mantiene violando los derechos de la Iglesia? (...)
Juan Vázquez de Mella. La persecución religiosa y la Iglesia independiente del Estado Ateo. Obras completas, volumen quinto.
Los Principios no negociables: Dios, Patria y Rey."
El segundo (el original del anterior):
"Los Principios no negociables: Dios, Patria y Rey.Los medios legales y pacíficos, la evolución prudente, es lo que preconiza como el mejor método de restauración católica. Y a este procedimiento se le considera de tal modo importante, que, discrepar de la regla de conducta que él señala, es romper abiertamente con la fórmula de unión; por lo cual bien puede decirse que, más que procedimiento, es uno de sus principios capitales.
¿Y cuáles son los fundamentos en que se apoya? Un error de estrategia y una táctica opuesta a todas las que se han conocido en la historia de las luchas políticas y militares. El error de estrategia es precisamente, en lo que se refiere a la conducta, la causa principal del estado de la Iglesia en España y de la situación de los católicos españoles. ¿Y en qué consiste ese error de estrategia? Consiste, señores, en que estamos siempre a la defensiva y no tomamos la ofensiva nunca. Todo se reduce a parar los golpes fuertes, a resistir cuando nos atacan mucho, y mientras tanto a descansar en la inercia, esperando descuidados la nueva acometida. Aun los momentos heroicos de las luchas cruentas, a que debemos todo lo poco que conservamos, tuvieron más su origen en las agresiones de los adversarios que en las iniciativas propias. Y no hay que decir lo que ha sucedido en los largos períodos de paz material y de lucha moral. Esta es la razón, señores, de que nuestra historia contemporánea resulte una serie de treguas y de armisticios que suelen acabar en pactos que llevan aparejada una infamante servidumbre.
(...) Señores: con esta estrategia se puede hacer el recuento de todas las batallas que se han perdido, pero no es posible empezar la lista con una sola que se haya ganado (...)
¡Que se deben emplear los medios legales y pacíficos! ¿Quién lo duda? Pero ¿acaso esos medios son suficientes, no ya para restaurar la tesis católica, sino para mejorar, de un modo estable, de suerte, y poder poner en peligro al adversario? ¿Cuándo se ha hecho una revolución católica, es decir, una restauración de la verdad, dentro de la ley enemiga y contra el poder que la ha establecido y que la mantiene violando los derechos de la Iglesia? (...)
Juan Vázquez de Mella. La persecución religiosa y la Iglesia independiente del Estado Ateo. Obras completas, volumen quinto.
Los Principios no negociables: Dios, Patria y Rey."
El segundo (el original del anterior):
Desde que algunos católicos han ido a engrosar las filas doctrinarias, parte por su culpa y parte por la guerra innoble y la lluvia de denuestros de los que estaban interesados en alejarlos del campo tradicionalista,...la gran fuerza social y política llamada comunión católico-monárquica se ve asediada por los tiros de estas banderías, que con sus continuas algaradas y escaramuzas distraen sus fuerzas para que no las emplee en luchar con la Revolución asoladora, que todo lo avasalla, sirviéndole así de avanzada a fin de que en la hora suprema quede para las huestes liberales el campo de batalla.
Y aunque separados por el procedimiento, y haciéndose la guerra como errores opuestos que son, ponen término a sus querellas, y acallan sus odios cuando se trata del enemigo común, y, como si formasen un solo partido y profesasen una misma doctrina, gritan unánimes que ya es hora de acabar con las batallas chicas y de reñir los grandes combates, por lo cual es necesario prescindir de legitimidades y formas de gobierno, que son cosas accidentales y transitorias, y encerrarse en el terreno puramente religioso, teniendo en cuenta que primero se debe buscar el reino de Dios y su justicia, porque todo lo demás se nos dará por añadidura.
Esta hipócrita celada en que han caído no pocos espíritus sencillos cegados por el misticismo y aparente generosidad en que va envuelta, redúcese, bien examinado el asunto, a despreciar, como enojosa impedimenta para el combate, el derecho y las tradiciones de los pueblos en que se pelea. Porque la legitimidad no es sólo el título de los poderes que se fundan en una ley histórica o en una costumbre, sino el sello augusto que les imprime la conformidad con la ley divina y el derecho nacional; y creer, por lo tanto, que la legitimidad es un mero litigio dinástico que únicamente se refiere al origen del mando o que es cosa tan baladí la rectitud de su ejercicio que acciones no intencionales bastan para borrarla, o que pueda ser retirada y concedida en nombre del criterio particular por conciliábulos de periodistas y aun por multitudes unánimes, es sencillamente relegar con jansenístico respeto la potestad de la Iglesia al lugar de las cosas inútiles, y sustituirla con la razón independiente de toda norma y autoridad que no se apoye en ella misma. En suma: que es profesar el principio racionalista, más la hipocresía, para mejor defender la verdad católica que condena ambas cosas.
Añádese a esto que la forma de Gobierno, cuando es secular, como en España, y ha sido, juntamente con la Iglesia, causa de la unidad nacional, y a la vez elemento, y en parte presión del espíritu y voluntad unánime de la cadena de generaciones en que tomó cuerpo la nación, es principio esencial de la constitución interna y cosa inherente a la patria, de la cual es tradición política fundamental. Querer, pues, que se prescinda de ella para mejor defender a la Iglesia, es pedir en buenos términos que se reniegue de la patria y se rechace su constitución secular, y hasta se reniegue de la historia y de la nación, que sin la Monarquía ni se comprende ni se explica.
Pero nótese que las tradiciones, como los derechos, están unidos por el vínculo común, y que, quien conculca o viola uno, indirectamente los hiere todos. Primero caería el Trono, después el Altar, y sólo quedaría en pie el orgullo racionalista convertido en ariete de la obra de los siglos.
¡El Derecho, la Monarquía y la Tradición nacional, cosas secundarias y accidentales! ¡Y que esto lo digan gentes que presumen de purísima fe religiosa! (...)
A esta extraña aberración ha conducido en algunos el afán de sincerar su conducta desatentada con la única comunión social y política de España sometida incondicionalmente al servicio de la Iglesia. ¡Como si a la Revolución se la combatiese mejor cediéndole parte del campo y oponiendo a sus negaciones rotundas afirmaciones incompletas!
Tal es, en suma, uno de los sofismas fundamentales con que las banderías separadas de la comunión tradicionalista fingen defender a la Iglesia haciendo guerra a aquellos de sus hijos que no creen que, para defender a sus madre, necesiten renunciar a los deberes que ella inculca y a las intituciones nacidas bajo su influencia y amamantadas en su seno (...)
Juan Vázquez de Mella. La persecución religiosa y la Iglesia independiente del Estado Ateo. Obras completas, volumen quinto. "
Eso es todo por hoy; el 28 de febrero: ¡El Grito de Río Branco! ¡Viva Cristo Rey!

El sistema es nuestro enemigo, por supuesto. Hoy, es el día del Grito de Río Branco. ¡GRITO ENTONCES! ¡NO A JUDEOLIWOOD! ¡UN DIESTRO Y VIRIL SALUDO ROMANO! ¡VIVA CRISTO REY!
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