Bandera del Reyno Oriental del Uruguay

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lunes, 15 de agosto de 2011

Asunción de la Santísima Virgen María


¡Viva Nuestra Reina! Ruega por nosotros.

En virtud de este importantísimo día, dejo a continuación, la bula Munifentissimus Deus de Su Santidad el Papa Pío XII. Leer más.

miércoles, 20 de abril de 2011

¡Feliz Semana Santa!

Por Nicus.
Nazarenos en Semana Santa (España)--Imagen sacada de Google.
Damas y caballeros, ha iniciado con el Domingo de Ramos la Semana Santa del año de Nuestro Señor 2011. Leer más.

lunes, 28 de marzo de 2011

El mandato cristiano de amar a la Patria

Artículo tomado del blog español de Cantabricus Impetus, llamado "Patria española"; dice lo siguiente:



"Sábado 12 de marzo de 2011

El mandato cristiano de amar a la Patria.


Juan Pablo II, en el último de sus libros, Memoria e identidad, dedica todo un capítulo a hablar sobre el patriotismo:

“Si se pregunta por el lugar del patriotismo en el decálogo –escribe el recientemente fallecido Papa- la respuesta es inequívoca: es parte del cuarto mandamiento, que nos exige honrar al padre y a la madre. Es uno de esos sentimientos que el latín incluye en el término pietas, resaltando la dimensión religiosa subyacente en el respeto y veneración que se debe a los padres, porque representan para nosotros a Dios Creador. Al darnos la vida, participan en el misterio de la creación y merecen por tanto una devoción que evoca la que rendimos a Dios Creador. El patriotismo conlleva precisamente este tipo de actitud interior, desde el momento que también la patria es verdaderamente una madre para cada uno. Patriotismo significa amar todo lo que es patrio: su historia, sus tradiciones, la lengua y su misma configuración geográfica. La patria es un bien común de todos los ciudadanos y, como tal, también un gran deber”.

No se trata de un tema opinable, en el que Karol Wojtyla propone su visión personal sobre el asunto, ni es tampoco una cuestión novedosa, sino que el predecesor de Benedicto XVI se limita a exponer el Magisterio de siempre de la Iglesia sobre la virtud cristiana del patriotismo, sobre el deber cristiano -derivado del cuarto mandamiento de la ley de Dios- de amar a la patria.

El Catecismo de la Iglesia Católica afirma que el cuarto mandamiento se extiende a los deberes de los ciudadanos respecto a su patria (2199) “El amor y el servicio de la patria forman parte del deber de gratitud y del orden de la caridad”. (2239).

El Concilio Vaticano II, en la Constitución Gaudium et spes y en el Decreto Apostolicam actuositatem, aborda asimismo el tema del patriotismo: “Los ciudadanos deben cultivar la piedad hacia la patria con magnanimidad y fidelidad. En el amor a la patria y en el fiel cumplimiento de los deberes civiles, siéntanse obligados los católicos a promover el verdadero bien común”.

Pío XI, en la encíclica Divini illius magistri, afirma: “El buen católico, precisamente en virtud de la doctrina católica, es por lo mismo el mejor ciudadano, amante de su patria y lealmente sometido a la autoridad civil constituida, en cualquier forma legítima de gobierno”.

León XIII, en Sapientiae christianae enseña que el amor a la patria es de ley natural: “Por la ley de la naturaleza estamos obligados a amar especialmente y defender la sociedad en que nacimos, de tal manera que todo buen ciudadano esté pronto a arrostrar hasta la misma muerte por su patria”.

También han hablado los Romanos Pontífices sobre los pecados, por exceso o por defecto, contra el sano patriotismo. Se peca por exceso incurriendo en nacionalismo exagerado cuando el amor patrio “que de suyo es fuerte estímulo para muchas obras de virtud y de heroísmo cuando está dirigido por la ley cristiana, pasados los justos límites, se convierte en amor patrio desmesurado” (Pío XI. Ubi arcano Dei consilio); pero también se puede pecar, por defecto, de cosmopolitismo: “No hay que temer que la conciencia de la fraternidad universal, fomentada por la doctrina cristiana, y el sentimiento que ella inspira, se opongan al amor, a la tradición y a las glorias de la propia patria, e impidan promover la prosperidad y los intereses legítimos; pues la misma doctrina enseña que en el ejercicio de la caridad existe un orden establecido por Dios, según el cual se debe amar más intensamente y ayudar preferentemente a los que nos están unidos con especiales vínculos. Aun el Divino Maestro dio ejemplo de esta preferencia a su tierra y a su patria, llorando sobre las inminentes ruinas de la Ciudad santa” (Pío XII. Summi Pontificatus).

Santo Tomás de Aquino, en su Suma Teológica, prescribe el culto a la patria: “Aunque de modo secundario, nuestros padres, de quienes nacimos, y la patria, en que nos criamos, son principio de nuestro ser y gobierno. Y, por tanto, después de Dios, a los padres y a la patria es a quienes más debemos. De ahí que como pertenece a la religión dar culto a Dios, así, en un grado inferior, pertenece a la piedad darlo a los padres y a la patria. Y en el culto de la patria va implícito el de los conciudadanos y el de todos los amigos de la patria. La piedad se extiende a la patria en cuanto que es en cierto modo principio de nuestra existencia, mientras que la justicia legal tiene por objeto el bien de la misma en su razón de bien común”. (Suma Teológica - II-IIae (Secunda secundae) q. 101)

Ramiro de Maeztu, en su Defensa de la Hispanidad, recoge las siguientes frases de San Agustín, Padre de la Iglesia: “Ama siempre a tus prójimos, y más que a tus prójimos, a tus padres, y más que a tus padres, a tu patria, y más que a tu patria, a Dios”. “La patria es la que nos engendra, nos nutre y nos educa .Es más preciosa, venerable y santa que nuestra madre, nuestro padre y nuestros abuelos. Vivir para la patria y engrendar hijos para ella es un deber de virtud. Pues que sabéis cuán grande es el amor de la patria, no os diré nada de él. Es el único amor que merece ser más fuerte que el de los padres. Si para los hombres de bien hubiese término o medida en los servicios que pueden rendir a su patria, yo merecería ser excusado de no poder servirla dignamente. Pero la adhesión a la ciudad crece de día en día, y a medida que más se nos aproxima la muerte, más deseamos dejar a nuestra patria feliz y próspera”.

Resumiendo lo hasta aquí visto, el dominico Royo Marín, al tratar en su Teología moral para seglares los fundamentos teológicos del patriotismo, nos ofrece una concisa pero completa síntesis de la doctrina tradicional de la Iglesia sobre el amor a la patria:

“Cuatro son las principales virtudes cristianas que se relacionan más o menos de cerca con la patria:
a) La piedad, que nos inspira formalmente el culto y veneración a la patria en cuanto principio secundario de nuestro ser, educación y gobierno. En este sentido se dice rectamente que la patria es nuestra madre.
b) La justicia legal, que nos relaciona con la patria, considerando el bien de la misma como un bien común a todos los ciudadanos, que tienen todos ellos obligación de fomentar.
c) La caridad, cuyo recto orden obliga, en igualdad de condiciones, a preferir al compatriota antes que al extranjero.
d) La gratitud, por los inmensos bienes que la patria nos ha proporcionado y los servicios inestimables que continuamente nos presta”.
En cuanto a los deberes generales para con la patria, Royo Marín afirma que “pueden reducirse a uno solo: el patriotismo, que no es otra cosa que el amor y la piedad hacia la patria en cuanto tierra de nuestros mayores o antepasados. Sus principales manifestaciones son cuatro:
a) Amor de predilección sobre todas las demás naciones; perfectamente conciliable, sin embargo, con el respeto debido a todas ellas y la caridad universal, que nos impone el amor al mundo entero.
b) Respeto y honor a su historia, tradición, instituciones, idioma, etc, que se manifiesta, v.gr., saludando o inclinándose reverentemente ante los símbolos que la representan, principalmente la bandera y el himno nacional.
c) Servicio, como expresión efectiva de nuestro amor y veneración. El servicio de la patria consiste principalmente en el fiel cumplimiento de sus leyes legítimas, sobre todo las relativas a tributos e impuestos, condición indispensable para su progreso y engrandecimiento; en el desempeño desinteresado de los cargos públicos que el bien común nos exija; en el servicio militar obligatorio y en otras cosas por el estilo.
d) Defenderla contra sus perseguidores y enemigos interiores o exteriores: en tiempo de paz, con la palabra o con la pluma, en tiempo de guerra, empuñando las armas y dando generosamente la vida, si es preciso, por el honor o la integridad de la patria”.

Según este mismo autor, al sano patriotismo se “oponen dos pecados:
a) Por exceso se opone el nacionalismo exagerado, que ensalza desordenadamente a la propia patria como si fuera el bien supremo y desprecia a los demás países con palabras o hechos, muchas veces calumniosos o injustos.
b) Por defecto se opone el internacionalismo de los hombres sin patria, que desconocen la suya propia con el especioso pretexto de que el hombre es ciudadano del mundo”.

Así pues, ni el nacionalismo exacerbado ni el cosmopolitismo son opciones legítimas para un cristiano, sino pecados contrarios al cuarto de los preceptos del decálogo. Si amar a la patria más que a Dios es idolatría, amar a Dios sin amar a la patria es mentira, porque a Dios se le ama, precisamente, cumpliendo sus mandatos, entre los cuales honrar a la patria es el primero de la segunda tabla de la ley que Yahvé esculpió en el Sinaí. No existe contradicción entre el amor a la patria y el amor a Dios. Contradictorio es, más bien, pretender amar a Dios sin amar a la patria.

José María Permuy Rey,
http://hispanismo.org"

miércoles, 23 de marzo de 2011

Organizaciones Carlistas

He aquí los enlaces a las dos agrupaciones principales del Carlismo en España: la Comunión Tradicionalista Carlista (CTC) y la Comunión Tradicionalista (CT). Esta última reconoce a Don Sixto Enrique de Borbón-Parma y Bourbon-Busset como Regente del Carlismo.

Comunión Tradicionalista Carlista:
Comunión Tradicionalista:

¡Arriba el Carlismo! ¡Arriba la Hispanidad! ¡VIVA CRISTO REY!

Dos noticias malas y una buena


Aquí os dejo tres noticias: dos malas y una buena. La primera es sobre el escandaloso apoyo que hace un "obispo" a la basura sodomita (artículo extraído de Catolicidad); la segunda noticia es sobre la lamentable internacionalización de la guerra en Libia, ya que además de que civiles inocentes mueren en la guerra civil, ahora también morirán en manos de los mismos desgraciados de siempre de la ONU (también sacado de Catolicidad); y por último, ¡la buena noticia!, sacada de Crux et Gladius, que es sobre los crucifijos en las escuelas públicas de Europa:

1-"Viernes 18 de marzo de 2011.

ESCANDALOSO APOYO AL LOBBY GAY DE UN DESLEAL OBISPO MEXICANO

El modernista obispo de Saltillo oficiará una Misa en un foro de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales


Mons. Raúl Vera fue gran amigo de Mons. Samuel Ruiz

Parece evidente que la diócesis mexicana de Saltillo tiene la desgracia de contar como obispo con un dominico que no tiene el menor interés en ser fiel a la doctrina católica sobre la homosexualidad. La noticia que ha dado Aciprensa, y que recogemos nosotros, debería de conllevar la actuación inmediata de la Santa Sede para poner fin a un escándalo que puede afectar, y más de lo que se puedan pensar, a multitud de fieles, que no podríamos entender que se consienta a un obispo hacer de su capa un sayo. Porque no me negarán ustedes que ver a un obispo católico apoyando al lobby gay es un escándalo.


Alguien, y con urgencia, tiene que informar a Benedicto XVI de lo que ocurre en esa diócesis mexicana. Y todos esperamos que el Santo Padre actúe en consecuencia. Y es que cuando el heterodoxo de turno es un obispo, nadie salvo la Santa Sede puede intervenir. La Conferencia Episcopal de México no tiene capacidad alguna de evitar que Mons. Raúl Vera López haga lo que está haciendo. Como mucho podrían emitir una nota distanciándose de la actitud escandalosa de su colega de episcopado. Y no estaría mal que así lo hiciera. Pero es el Papa quien puede intervenir. Y creo que somos muchos los fieles que pensamos que cuanto antes lo haga, mejor.


Luis Fernando Pérez Bustamante
Cor ad cor loquitur
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Mons. Vera a favor de la comunidad que pretende
combatir la moral católica, además apoyó uniones gay


La diócesis mexicana de Saltillo y su obispo Mons. Raúl Vera López, respaldan, anunciándolo en su web, el 4º «Foro de Diversidad Sexual, Familiar y Religioso», que se llevará a cabo en Saltillo del 25 al 27 de marzo de 2011. Lo organiza la comunidad «San Elredo», un grupo LGBT que -contradiciendo las enseñanzas de la Iglesia- quiere «erradicar lo que algunos sectores de la Iglesia (N. de C: es decir los sectores fieles) piensan acerca de la homosexualidad», y especialmente «que los actos homosexuales son opuestos a Dios».
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.__
(Aci/InfoCatólica). Marzo 14 de 2011. El evento auspiciado por la diócesis de Saltillo, en el estado de Coahuila, incluye en el programa eventos como la presentación de fragmentos del libro “Papá, mamá soy gay” de la autora Rinna Riesenfeld Robinson, “Las Dos Mamis, Activismo Virtual”, y la obra de teatro “El crimen por amor no paga, pero reconforta”.

La conferencia “La homosexualidad vista desde la Iglesia”, será presentada por “fray” Julián Cruzalta, un falso sacerdote que se presenta como fraile dominico y como “capellán” de la organización “Católicas por el derecho a decidir”, que promueve la aceptación del aborto en la Iglesia. La Orden de Predicadores en México (Dominicos) a la que pertenece el propio Mons. Vera López, ha advertido repetidamente que Cruzalta abandonó la congregación durante el diaconado y jamás fue ordenado sacerdote.

La Misa de clausura del evento será presidida por Mons. Raúl Vera López el domingo 27 a las 3:00 p.m.

Desde hace nueve años, San Elredo, que tiene menos de 20 miembros según afirma su fundador, el sacerdote norteamericano Robert Coogan, pese a oponerse a la doctrina católica y a la protesta de numerosos sacerdotes y fieles, es reconocida como ministerio para homosexuales por la diócesis, cuenta con oficinas en el interior del obispado y sus actividades son incluidas en los planes pastorales diocesanos.

El apoyo del obispo al grupo LGTB

En octubre de 2008, en una columna de opinión escrita para el diario español La Torre, el Obispo de Saltillo señaló que “el enfoque de nuestro trabajo con el grupo, que tomó el nombre de San Elredo, fue el crear una comunidad que, dependiendo de la Diócesis, realizara un trabajo pastoral con la comunidad Lésbico-gay de la ciudad de Saltillo. También desde un principio hemos querido que fuera abiertamente conocida entre los demás grupos de pastoral y que se hiciera presente en todo el trabajo diocesano, cosa que ha sucedido, no sin dificultad”.
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En su artículo, Mons. Vera explicaba que uno de los momentos críticos con San Elredo fue “acompañarlos cuando se desató una campaña homofóbica de parte de los buenos católicos, para impedir la legalización de las uniones entre personas de la comunidad lésbico-gay”. El Obispo, en efecto, apoyó (contrariando la moral católica) la legalización en Coahuila de las uniones de parejas del mismo sexo.

Mons Vera usa la bandera gay (¡¡!!) en misas para el grupo LGBT

“Tuve que aceptar lo que me vendría encima de parte de los buenos católicos que me acusaron ante la Nunciatura, pero salí a la defensa de su dignidad y los derechos que como ciudadanos también tenían (los homosexuales)”. “Desgraciadamente”, escribió además, “es de parte de los grupos católicos y cristianos de otras confesiones, de donde estas personas padecen más discriminación”.

En su artículo el Obispo de Saltillo describía algunas de las actividades que organiza el grupo y señala que “las invitaciones para estas actividades las hacen en los cafés o centros nocturnos a donde acuden miembros de la diversidad sexual, además de instancias oficiales de comunicación diocesana”.

"Nunca nos dejarán casarnos por la Iglesia.."

Noé Ruiz Malacara, Coordinador General de la organización, señaló recientemente en una entrevista periodística que aunque “sabemos que nunca nos permitirán casarnos por la Iglesia... y no deseamos entrar de blanco al altar”, “nos interesa más el reconocimiento legal, que podamos tener los mismos derechos y protección de nuestra pareja”, porque “la Iglesia aún es muy cerrada”.
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El P. Coogan, fundador y coordinador espiritual de San Elredo reveló en abril de 2010 a la Revista “Portavoz”, de los estudiantes de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Coahuila, que decidió fundar el grupo por iniciativa de dos jóvenes homosexuales que “pensaban que yo como norteamericano iba a ser más comprensivo y tolerante”. En la misma entrevista (criticando la moral que predica la Iglesia de Cristo), el sacerdote, originario de Nueva York, declaraba que
“a la postura oficial de la Iglesia le falta revisión (sic). La última vez que se hizo fue en 1970, que es una postura de tolerancia, pero no va más allá de tolerancia, no dice más. En los años 70 la ciencia todavía decía que la homosexualidad era una enfermedad mental, que los homosexuales son perversos, inmaduros, que pueden ser corregidos en su orientación, y muchos mitos que tristemente todavía existen en las calles, mucha gente todavía tiene fantasías erróneas de lo que es la homosexualidad. Hoy en día entendemos la homosexualidad de otra manera, es una orientación distinta, humana, válida (sic). La persona homosexual es una persona sana (sic). ¿Quién puede decir que la homosexualidad está mal? (recontra-sic)”
Respecto del grupo, Coogan admitió que “por lo regular son como 20 personas, realmente nunca crece”... “muchas personas vienen con todo tipo de equipaje emocional, pero una vez que se sienten bien, participan durante un tiempo y luego continúan con sus vidas y ya no vienen al grupo”. Un mes antes, en una entrevista concedida al Diario Zócalo de Saltillo, Coogan se manifestó a favor de la adopción de niños por parte de homosexuales.

Fuente: InfoCatólica. Paréntesis de CATOLICIDAD.
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7 comentarios:

Anónimo dijo...

Verdaderamente escandaloso. ¡Que Roma actúe ya! Es urgente parar esto.

Anónimo dijo...

EN CAMBIO EN ESPAÑA:

Obispo Auxiliar de Madrid celebrará Misa en capilla profanada por gays

MADRID, 17 Mar. 11 / 12:01 pm (ACI)

El Obispo Auxiliar de Madrid, Mons. César Franco, presidirá una Misa en la capilla del campus de Somosaguas de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), en desagravio por la profanación del 10 de marzo perpetrada por unos 70 jóvenes de los cuales algunas muchachas se desnudaron de la cintura para arriba, alrededor del altar.

Según señala el diario español ABC, una alumna de la facultad de económicas que fue testigo de los hechos y que estaba rezando en la capilla, dijo que dos de las jóvenes alrededor del altar "hicieron alarde de su tendencia homosexual".

En el lugar los agresores leyeron textos y frases que, decían, eran de autores cristianos sobre la mujer. También dieron lectura a un manifiesto con afirmaciones y juicios contra la Iglesia y sus enseñanzas y pusieron carteles en los tablones de anuncio de la entrada a la capilla, y en los bancos de la misma. Todo fue fotografiado y filmado.

La Misa que preside Mons. César Franco este viernes 18 de marzo se celebrará a la 1:30 p.m. luego de la invitación que le hiciera el Capellán, P. Rafael Hernando, según indica la Pastoral Universitaria.

El Arzobispado de Madrid condenó los hechos del 10 de marzo y envió una queja al Rectorado de la UCM que también repudió lo ocurrido e inició una investigación para identificar a los responsables.

Un portavoz del Rectorado, señala ABC, aseguró que "hay una buena sintonía con el Arzobispado de Madrid".

El Rector de la UCM, Carlos Berzosa, "respeta y apoya" la Misa de este viernes y ha expresado su compromiso con el Arzobispado a "velar por que no se produzca ningún tipo de incidentes", según dijeron fuentes del Rectorado a la agencia Efe.

Anónimo dijo...

FUERA YA QUE SALGA EL PUEBLO MEXICANO CATOLICO A SACAR A PATADAS A ESTE HEREJE K EL PAPA LO SEPARE YA!!!!
ESTO ES DEMONIACO a quer ignorancia se puede llegar

Raúl Vera es un servidor de Satanás. ¡De eso no cabe duda!
¡Qué vuelva la Santa Inquisición ya, por favor!
Estoy pensando en enviarle una carta al Papa, para pedirle una Santa Cruzada; ¿alguien sabe el correo electrónico del Vaticano?
Aquí hay otros ejemplos de violencia anti-cristianas y blasfemias: http://gonellismo.blogspot.com/2011/03/violencia-anticristiana-y-blasfemias.html, donde exhorto a una Cruzada; e incluso mi blog ha sido objeto de ataques por hackers marxistas (http://gonellismo.blogspot.com/2011/03/la-violencia-virtual-marxista-ataca.html), que sospecho que sean de aquí de Uruguay. Se ve que no les gustó que mis amigos y yo hayamos apoyado, firmado y difundido la campaña de la TFP chilena para detener la ley anti-discriminación. Por cierto, buscando por internet, me enteré de que lamentablemente los malvados se salieron con la suya: ¡aprobaron esa aberrante ley! (http://www.radiomitos.cl/magazin/?p=2570).
¡Saludos desde Uruguay!

Catolicidad dijo...

Estimada Estela:

No podemos publicar su escrito que lanza acusaciones a otros jerarcas de la Iglesia y que repite meras acusaciones leídas solamente en la prensa. Si tiene usted pruebas reales y verdaderamente fundadas de lo que dice debería de presentarlas a quien corresponda.

Lo que en nuestra nota se reproduce lo reconoce la página web de Mons. Vera, por lo que a reconocimiento de hechos relevo de pruebas.

No hace falta que usted repita difamaciones contra otros para defender a Mons. Vera, cuando es el propio obispo quien reconoce los hechos.

¿O es correcto apoyar un grupo LGTB que difunde que la práctica del homosexualismo no se opone a la voluntad de Dios? No se trata, como usted imagina, de mera caridad para con los homosexuales y de acercarlos a Dios y buscar que vivan de acuerdo con sus mandamientos. Si así fuera seríamos los primeros en aplaudirlo. Esa labor la hacen otras diócesis y otros sacerdotes y merecen todo nuestro respeto y apoyo. Basta ver la nota de arriba y leer las palabras textuales de ellos. Así el P. Coogan, fundador y coordinador espiritual de San Elredo (grupo que avala Mons. Vera) afirma que la homosexualidad es una orientación "válida" como cualquier otra y que la Iglesia está mal, que su doctrina es incorrecta pues le falta una "revisión" de la misma. El obispo emplea banderas "gay" en sus liturgias y el grupito de San Elredo sostiene que los actos homosexuales no se oponen a la voluntad de Dios.

La Iglesia no está contra el homosexual pero sí contra la homosexualidad. Ni un obispo ni un sacerdote pueden contradecir la doctrina de Cristo que custodia la Iglesia. La caridad está en tratar de ayudar al errado y no en confirmarlo en sus errores.

La Iglesia es intolerante en los principios porque cree pero es tolerante en la práctica porque ama. Quienes pierden la fe en esa doctrina son tolerantes en los principios porque ya no creen pero son intolerantes en la práctica porque ya no aman.

La verdadera caridad busca ayudar al errado a rectificar o al pecador a no pecar, nunca los confirma en sus errores o en sus pecados, traicionando los principios, la doctrina y la moral.

Todo lo anterior puntualiza sus señalamientos.

Agradecemos su comentario.

Un abrazo en Cristo
Atte
CATOLICIDAD

Anónimo dijo...

Mail del Papa:

benedictoxvi@vatican.va

Gracias anónimo por el e-mail del Papa.





2-"Domingo 20 de marzo de 2011
COMIENZA LA GUERRA: COALICIÓN LIDEREADA POR EE. UU., FRANCIA Y REINO UNIDO INICIÓ ATAQUE AÉREO A LIBIA.


La coalición encabezada por Estados Unidos, Francia y Reino Unido inició, este sábado, el bombardeo de objetivos militares libios a fin de establecer la zona de exclusión aérea que fue decretada por la Organización de Naciones Unidas. La coalición inició las maniobras tras la cumbre que se celebró en París donde los jefes de gobierno de varias naciones se reunieron para acordar medidas contra el gobierno de Gadafi. “Nuestro compromiso es a largo plazo: no permitiremos que el coronel Gadafi y su régimen continúen desafiando la voluntad de la comunidad internacional y que menosprecie de esa manera a su pueblo”, se señaló en un comunicado presentado tras la cumbre. Las operaciones se llevaron a cabo no obstante que horas antes de la ofensiva Gadafi ordenó parar los ataques contra los rebeldes en Bengasi. Se adujo que no respetó ese acuerdo, sin embargo el régimen de Gadafi acusó a sus oponentes libios de maniobrar para aparentarlo y dar pie al ataque de la coalición.



El Pentágono informó que se han lanzado, desde barcos y submarinos, más de 112 misiles Tomahawk logrando alcanzar más de 20 objetivos y que Italia y Canadá se han sumado a las operaciones. Gadafi señaló que el ataque es injustificado "contra el que el pueblo libio luchará" y amenazó con convertir el Mediterráneo en un "verdadero campo de batalla".

El Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia señalo que: "Unidades de la fuerza aérea de varios países comenzaron acciones militares en Libia este 19 de marzo. Moscú lamenta estas acciones militares".



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Publicado por Catolicidad en 02:28
Etiquetas: Libia, Noticias
1 comentarios:

Anónimo dijo...

Pobres libios civiles. No sabrán identificar si las bomba que les mata es de Gadafi o de la Coalición.

Los países de la Coalición apenas se dan cuenta que la represión de Gadafi contra su pueblo es intolerable ¡¡después de 42 años!! ¡¡¡¡Vaya que se han tardado estos "despistados"!!!!
20 de marzo de 2011 03:14"

3-"20/03/2011

Corte de Estrasburgo: Los Crucifijos se quedan en las escuelas.

Vaticano:con el crucifijo,el tribunal europeo respalda la libertad religiosa

19-03-2011 5-53-50

Una decisión que hace historia

  • (ZENIT.org).- La sentencia que ha emitido este viernes el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo a favor de la exposición del crucifijo en las escuelas de Italia ha recibido el aplauso de la Santa Sede por considerar que se trata de una decisión que "hace historia" en el reconocimiento de la libertad religiosa.

El padre Federico Lombardi S.I., director de la Oficina de Información de la Santa Sede, ha emitido una declaración para manifestar la "satisfacción" del Vaticano al haber leido esta "sentencia sumamente comprometedora".

091201 MADRID Crucifijo en un aula del colegio Santa Maria del Carmen PUBLICO Reyes Sedano"La Gran Sala de hecho ha contradicho desde todos los puntos de vista una sentencia de primera instancia, adoptada por unanimidad por una Cámara del Tribunal, que suscitó no sólo el recurso del Estado Italiano, sino también el apoyo de numerosos Estados europeos, como nunca antes había sucedido, y la adhesión de muchas organizaciones no gubernamentales, expresión de un amplio sentimiento de la población".

Un caso histórico
Los países que oficialmente han apoyado a Italia son Armenia, Bulgaria, Chipre, Grecia, Lituania, Malta, Mónaco, Rumanía, Federación Rusa y San Marino, así como Albania, Austria, Croacia, Hungría, Moldavia, Noruega, Polonia, Serbia, Eslovaquia y Ucrania.

El caso había sido planteado al Tribunal de Estrasburgo por Soile Lautsi, ciudadana italiana de origen finlandés, que en el año 2002 había pedido a la escuela estatal "Vittorino da Feltre" de Abano Terme (Padua), en la que estudiaban sus dos hijos, que quitara los crucifijos de las aulas. La dirección de la escuela se negó por considerar que el crucifijo forma parte del patrimonio cultural italiano, y posteriormente los tribunales italianos dieron razón a este argumento.

Sin embargo, una sentencia en primera instancia del Tribunal de Estrasburgo decidió por unanimidad imponer la expulsión de los crucifijos de las escuelas italianas y condenó al gobierno italiano a pagar a la mujer un resarcimiento de 5.000 euros por daños morales.
Aquella primera sentencia de la historia de ese tribunal en materia de símbolos religiosos en las aulas de clase consideró que la presencia del crucifijo en la escuela constituye "una violación de los derechos de los padres a educar a sus hijos según sus convicciones" y de "la libertad de los alumnos".

Crucifijo-escuela3Ante el recurso presentado por el Estado italiano, la Gran Sala del Tribunal europeo ha contradicho radicalmente aquella primera sentencia, estableciendo por 15 votos a favor y 2 en contra, que la presencia de los crucifijos en las aulas no constituye "una violación de los derechos de los padres a educar a sus hijos según sus convicciones" y de "la libertad de religión de los alumnos" ya que "no subsisten elementos que puedan probar que el crucifijo influye eventualmente en los alumnos".

Los derechos no están en contra de la libertad religiosa
El padre Lombardi explica en su declaración que el Tribuna Europeo de Derechos Humanos "reconoce a un nivel jurídico sumamente autorizado e internacional que la cultura de los derechos del hombre no debe ponerse en contraposición con los cimientos religiosos de la civilización europea, a los que el cristianismo ha dado una contribución esencial".

"Se reconoce, además, según el principio de subsidiariedad, que es un deber garantizar a cada país un margen de aprecio del valor de los símbolos religiosos en la propia historia cultural y en la identidad nacional y del lugar de su exposición (como ha sido confirmado en estos días también por sentencias de tribunales supremos de algunos países europeos)", en referencia a Italia y Austria.

"En caso contrario, en nombre de la libertad religiosa, se tendería paradójicamente a limitar o incluso a negar esta libertad para excluir de la vida pública toda manifestación --advierte el portavoz vaticano--. De este modo, se violaría la misma libertad, obscureciendo las identidades específicas y legítimas. El Tribunal sentencia, por tanto, que la exposición de la identidad cultural y religiosa de los países de tradición cristiana".

TRIBUNAL EUROPEO CONTRARIO A LA EXHIBICIÓN OBLIGATORIA DE CRUCIFIJOS EN AULAS"La nueva sentencia de la Gran Sala es bienvenida también porque contribuye eficazmente a restablecer la confianza en el Tribunal Europeo de Derechos del Hombre por parte de una gran parte de europeos, convencidos y conscientes del papel determinante de los valores cristianos en su propia historia, pero también en la edificación de la unidad europea y en su cultura de derecho y de libertad", concluye la declaración vaticana.

1 opiniones:

Príncipe Lord Nicus dijo...

¡Qué bueno!
Lástima que aquí en Uruguay, en las escuelas, liceos y universidades públicas, no sólo está prohibido el crucifijo sino que está prohibido HABLAR de religión católica (otras se puede), porque Uruguay es un país laicista (peor que laico) y sus dirigentes se jactan de ser el estado más secular de América. Desde J.P. Varela, pasando por José Batlle y Ordóñez y todos esos masones Uruguay ha sido dominado por la secularidad y la irreligión, así como por una política impregnada de marxismo y liberalismo.
Lamentablemente mi país está plagado de masones, que oprimen a los católicos. Desde 1917 nos quitaron la confesionalidad del Estado, impusieron el Registro Civil, el "matrimonio" civil, el divorcio, la secularización de los cementerios, etcétera.
Por lo que tengo entendido ahí en Chile por lo menos, demoraron mucho más en aprobar el divorcio y todas esas porquerías. ¡En fin, me da asco ver en lo que han convertido los judeo-masones a mi querido país!

¡Arriba el crucifijo en TODOS los países! ¡En todas las escuelas! ¡NO a la educación laicista! ¡Por la confesionalidad del Estado Uruguayo! ¡VIVA CRISTO REY Y EMPERADOR!

lunes, 21 de marzo de 2011

Don Plinio y el Santo Vía Crucis.

EL SANTO VÍA CRUCIS, SEGÚN EL Dr. PLINIO CORRÊA DE OLIVEIRA (sacado de Miles Christi de Jorge Rondón Santos):

"Transcrito de "O Legionário" Nº 558, de 18 de Abril de 1943 y reeditado en "Catolicismo" Nº 231 - Marzo de 1970 - Vía Plinio Corrêa de Oliveira.




I Estación: JESÚS ES CONDENADO A MUERTE

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo.


CONSPIRARON CONTRA VOS, Señor, vuestros enemigos. Sin gran esfuerzo, amotinaron al populacho ingrato, que ahora hierve de odio contra Vos. Odio. Es lo que por todas partes os circunda, os envuelve como una nube densa, se lanza contra Vos como un oscuro y frío vendaval. Odio gratuito, odio furioso, odio implacable: que no se sacia en humillaros, en saturaros de oprobios, en llenaros de amargura; vuestros enemigos os odian tanto, que ya no soportan vuestra presencia entre los vivos, y quieren vuestra muerte. Quieren que desaparezcáis para siempre, que enmudezca el lenguaje de vuestros ejemplos y la sabiduría de vuestras enseñanzas. Os quieren muerto, aniquilado, destruido. Sólo así habrán aplacado el torbellino de odio que en sus corazones se levanta.

Siglos incluso antes que nacierais, ya el Profeta preveía ese odio que suscitaría la luz de las verdades que anunciaríais, el brillo divino de las virtudes que tendríais: "¿Pueblo mío, qué te hice Yo, en qué por ventura te he contristado?" (Miq. 6, 3). E interpretando vuestros sentimientos, la Sagrada Liturgia exclama a los infieles de entonces y de hoy: "¿Qué más debía Yo haber hecho por ti, y no lo hice? Yo te planté como viña escogida y preciosa: y tú te convertiste en excesiva amargura para Mí; vinagre me diste a beber en mi sed, y traspasasteis con una lanza el costado de tu Salvador" (Improperios).

Tan fuerte fue el odio que contra Vos se levantó, que la propia autoridad de Roma, que juzgaba al mundo entero, se abatió acobardada, retrocedió y cedió ante el odio de los que sin causa alguna os querían matar. La altivez romana, victoriosa en el Rin, en el Danubio, en el Nilo y en el Mediterráneo, se ahogó en el lavabo de Pilatos.


"Christianus alter Christus", el cristiano es otro Cristo. Si fuésemos realmente cristianos, esto es realmente católicos, seremos otros Cristos. E, inevitablemente, el torbellino del odio que contra Vos se levantó, también contra nosotros ha de soplar furiosamente.

¡Y sopla, Señor! Compadeceos, Dios mío, y dadle fuerzas al pobre niño de colegio, que sufre el odio de sus compañeros porque profesa vuestro Nombre y se rehúsa a profanar la inocencia de sus labios con palabras de impureza. Odio, sí. Tal vez no el odio bajo la forma de una invectiva desabrida y feroz, sino bajo la forma terrible del escarnio, del aislamiento, del desprecio. Dadle fuerzas, Dios mío, al estudiante que vacila en proclamar vuestro Nombre en plena aula, a la vista de un profesor impío y de un enjambre de colegas que se mofa. Dadle fuerzas, Dios mío, a la joven que debe proclamar vuestro Nombre, rehusándose a vestir los trajes que la moda impone, desde que por su extravagancia o inmoralidad desentonen de la dignidad de una verdadera católica. Dadle fuerzas, Dios mío, al intelectual que ve cerrarse delante de sí las puertas de la notoriedad y de la gloria, porque predica vuestra doctrina y profesa vuestro Nombre. Dadle fuerzas, Dios mío, al apóstol que sufre la embestida inclemente de los adversarios de vuestra Iglesia, y la hostilidad mil veces más penosa de muchos que son hijos de la luz, sólo porque no consiente en las diluciones, en las mutilaciones, en las unilateralidades con que los "prudentes" compran la tolerancia del mundo para su apostolado.

Ah, Dios mío, ¡cómo son sabios vuestros enemigos! Ellos sienten que en el lenguaje de esos "prudentes", lo que se dice en las entrelíneas es que Vos no odiáis el mal, ni el error, ni las tinieblas. Y entonces aplauden a los prudentes según la carne, como os aplaudirían en Jerusalén, en lugar de mataros, si hubieseis dirigido a los del Sanedrín el mismo lenguaje.

Señor, dadnos fuerzas: no queremos ni pactar, ni retroceder, ni transigir, ni diluir, ni permitir que empalidezca en nuestros labios la divina integridad de vuestra doctrina. Y si un diluvio de impopularidad se abate sobre nosotros, sea siempre nuestra oración la de la Sagrada Escritura: "Preferí ser abyecto en la casa de mi Dios, a vivir en la intimidad de los pecadores" (Salmos, 83, 11).

Padre Nuestro. Ave María. Gloria.


V. Ten piedad de nosotros, Señor.
R. Señor, ten piedad de nosotros.

V. Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz
R. Amén.

II Estación: JESÚS ACEPTA LA CRUZ DE MANOS DE SUS VERDUGOS

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo.


PERO PARA ESTO, Señor, es necesario paciencia. Paciencia por la cual se deja, de brazos cruzados y de corazón conformado, caer el diluvio sobre la propia cabeza. Paciencia es la virtud por la cual se sufre para un bien mayor. Paciencia es, pues, la capacidad de sufrir para el bien. Necesita de paciencia el enfermo que, golpeado por un mal incurable, acepta resignado el dolor que él le impone. Necesita de paciencia aquel que se inclina sobre los dolores ajenos, para consolarlos como Vos consolasteis, Señor, a los que os buscaban. Necesita de paciencia quien se dedica al apostolado con invencible caridad, atrayendo amorosamente a Vos a las almas que vacilan en las sendas de la herejía o en el lodazal de la concupiscencia. Necesita también de paciencia el cruzado que toma la cruz y va a luchar contra los enemigos de la Santa Iglesia. Es un sufrimiento tomar la iniciativa de la lucha, formar y mantener en pie dentro de sí sentimientos de pugnacidad, de energía, de combatividad, vencer el indiferentismo, la mediocridad, la pereza, y lanzarse como un digno discípulo de Aquel que es el León de Judá, sobre el impío insolente que amenaza al redil de Nuestro Señor Jesucristo. ¡Oh sublime paciencia de los que luchan, combaten, toman la iniciativa, entran, hablan, proclaman, aconsejan, amonestan, y desafían por sí solos toda la soberbia, toda la pertinacia, toda la arrogancia del vicio insolente, del defecto elegante, del error simpático y popular!

Vos fuisteis, Señor, un modelo de paciencia. Vuestra paciencia no consistió, sin embargo, en morir abatido debajo de la Cruz cuando os la dieron. Cuenta una piadosa revelación que, cuando recibisteis de la mano de los verdugos vuestra Cruz, Vos la besasteis amorosamente y, tomándola sobre los hombros, con invencible energía la llevasteis hasta lo alto del Gólgota.

Dadnos Señor, esa capacidad de sufrir. De sufrir mucho. De sufrir todo. De sufrir heroicamente, no apenas soportando el sufrimiento, sino yendo al encuentro de él, buscándolo, y cargándolo hasta el día en que tengamos la corona de la victoria eterna.

Padre Nuestro. Ave María. Gloria.

V. Ten piedad de nosotros, Señor
R. Señor, ten piedad de nosotros.

V. Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz.
R. Amén.


III Estación: JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ BAJO LA CRUZ

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo.


QUÉ FÁCIL es hablar del sufrimiento. Lo difícil es sufrir. Vos lo probasteis, Señor. Cómo vuestro divino heroísmo es diferente del heroísmo fatuo y artificial de tanto soldado de las tinieblas. Vos no sonreísteis frente al dolor. No erais, Señor, de los que enseñan que se pasa la vida sonriendo. Cuando vuestra hora llegó, temblasteis, os perturbasteis, sudasteis sangre delante de la perspectiva del sufrimiento. Y en este diluvio de aprehensiones, infelizmente por demás fundadas, está la consagración de vuestro heroísmo. Vencisteis los gritos más imperiosos, las solicitaciones más fuertes, los pánicos más atroces. Todo se doblegó ante vuestra voluntad humana y divina. Por encima de todo, se sobrepuso vuestra determinación inflexible de hacer aquello para lo que habíais sido enviado por vuestro Padre. Y, cuando llevasteis vuestra Cruz por la calle de la amargura, una vez más las fuerzas naturales flaquearon. Caísteis, porque no teníais fuerzas. Caísteis, pero no os dejasteis caer sino cuando del todo no era posible proseguir el camino. Caísteis, pero no retrocedisteis. Caísteis, pero no abandonasteis la Cruz. La conservasteis con Vos, como la expresión visible y tangible de vuestro propósito de llevarla hacia lo alto del Gólgota.

Oh Dios mío, dadnos las gracias para que, en la lucha contra el pecado, contra los infieles, podamos quizá caer debajo de la cruz, pero sin jamás abandonar ni el camino del deber ni la arena del apostolado. Sin vuestra gracia, Señor, nada, absolutamente nada podemos. Pero si correspondemos, todo lo podremos. Señor, nosotros queremos corresponder a vuestra gracia.


Padre Nuestro, Ave María, Gloria.


V. Ten piedad de nosotros, Señor.
R. Señor, ten piedad de nosotros.

V. Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz
R. Amén.

IV Estación: MARÍA SANTÍSIMA VIENE AL ENCUENTRO DE JESÚS

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo.


CARGAR LA CRUZ significa, muchas y muchas veces, renunciar. Renunciar antes que nada a lo ilícito, a lo pecaminoso. Pero renunciar también, y muchas veces, a lo que siendo lícito y hasta admirable en sí, se torna malo o menos perfecto en consecuencia de determinadas circunstancias.

En el camino de vuestra Pasión, Señor, disteis un ejemplo terrible, un luminoso y admirable ejemplo de renuncia a lo que es lícito. ¿Qué hay de más lícito, Señor, que las caricias, que el desvelo de vuestra Madre Santísima? Todo cuanto de Ella sabemos es que, por más que sepamos algo, jamás sabremos todo, tal es el océano inconmensurable de perfecciones y de gracias que contiene. Vuestra Madre, Señor, está en vuestro camino. Ella quiere consolaros. Ella quiere consolarse con Vos. Vedla. Cómo es legítimo que os detengáis a lo largo de la vía dolorosa, consolándoos y consolándola. Sin embargo, el momento de la separación después de este rápido coloquio llegó. ¡Oh dilaceración!, es preciso que os separéis el uno del otro. Ni Ella ni Vos, Señor, contemporizáis. El sacrificio sigue su curso. Y Ella queda a la vera del camino… Es mejor no decir cómo, viendo que os distanciáis lentamente vertiendo sangre, con paso incierto y vacilante, en demanda del último y supremo sacrificio. María tiene pena de Vos. Ella os sigue con la mirada, viéndoos solo, en manos de verdugos y de enemigos. ¿Quién os ha de consolar? ¡Oh! voluntad irresistible, arrebatadora, inmensa, de seguir vuestros pasos, de deciros palabras de dulzura que sólo Ella sabe deciros, de amparar vuestro Cuerpo divino, de interponerse entre los verdugos y Vos, y, postrada como quien implora una limosna inestimable, suplicar para Sí un poco de los golpes que os dan, con tal que con esto os hieran un poco menos, no os golpeen tanto la carne inocente. ¡Oh Corazón de Madre, cuánto sufristeis en este lance!

Madres de sacerdotes, madres de misioneros, madres de religiosas, cuando sintáis el pesar de tanta separación cruel, pensad en María Santísima que dejó a su Divino Hijo seguir solo, el camino que le trazara la voluntad de Dios. Y pedid que Ella consuele vuestro dichoso dolor.

Pero hay, mil y mil veces infelices, otras madres abandonadas. Madres de impíos, madres de libertinos, madres de pecadores, también vosotras a veces quedáis solas en el camino del dolor, mientras vuestros hijos corren por las vías de la perdición. Pedid a Nuestra Señora que os consuele, que os dé aliento y perseverancia, y que ofrezca parte del dolor que en este paso sufrió, para que vuestros hijos puedan volver algún día a vosotras. Pensad en Santa María, y jamás desesperaréis. Para vuestros hijos desviados Nuestra Señora será la Estrella del Mar, que tarde o temprano los reconduzca al puerto.


Padre Nuestro. Ave María. Gloria.

V. Ten piedad de nosotros, Señor.
R. Señor, ten piedad de nosotros.

V. Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz
R. Amén.



V Estación: EL CIRINEO AYUDA A JESÚS A LLEVAR LA CRUZ

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo.


SIMÓN CIRINEO venía de lejos. No sabía cuál era la algazara, el alarido, el vocerío que a veces el viento le traía. Una gran fiesta, probablemente, tantas eran las risas, los gritos, las voces, que en animada sucesión se hacían oír. Se aproximó. Fuerte, joven, lleno de vida, parecía en cierto sentido la antítesis del pobre ser de túnica blanca –la túnica de los locos– coronado de espinas, todo ensangrentado, un leproso lleno de llagas, que paciente y lentamente arrastraba la Cruz. El contraste sirvió a los verdugos de inspiración. Lo tomaron para ayudar a Cristo, Señor nuestro, a cargar la Cruz. El Cirineo aceptó. Al principio, tal vez porque era obligado. Después, por piedad. Quedó en la Historia, y, más que esto, conquistó para sí el Reino de los Cielos.

¡Cómo es frecuente esta escena! En el camino de nuestra vida, vemos a la Iglesia que pasa, perseguida, azotada, calumniada, odiada, y, Dios mío, a veces hasta traicionada por muchos que se dicen hijos de la luz sólo para poder propagar mejor las tinieblas. Vemos esto. En la apariencia la Iglesia está débil, vacilante, agonizante tal vez. En realidad, Ella es divinamente fuerte, como Jesús. Pero nosotros sólo vemos la debilidad con los ojos de la carne. Y somos tan miopes con los ojos de la fe, que con mucho esfuerzo discernimos la invencible fuerza divina que la conservará siempre y siempre. La Iglesia va a ser derrotada. Va a morir. ¿Poner al servicio de esa perseguida, de esa calumniada, de esa derrotada, la exuberancia de mis fuerzas, de mi juventud, de mi entusiasmo? ¡Nunca! Nos distanciamos. No somos Cirineos. Cuidamos sólo y sólo de nuestros intereses. Seremos abogados prósperos, comerciantes ricos, ingenieros bien ubicados, médicos con buena clientela, periodistas ilustres o prestigiosos maestros. ¡Y es que sólo en el día del Juicio comprenderemos lo que perdimos cuando la Santa Iglesia pasó por nuestro camino, y no la ayudamos!

¡Apostolado, apostolado, apostolado! Apostolado saturado de oración, impregnado de sacrificio. Este es el medio por el cual debemos ser Cirineos de la Santa Iglesia.

Señor mío, haced que seamos tan fieles a esta gracia cuanto el propio Cirineo. Oh bienaventurado Cirineo, rogad por nosotros.


Padre Nuestro. Ave María. Gloria.

V. Ten piedad de nosotros, Señor.
R. Señor, ten piedad de nosotros.

V. Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz
R. Amén.



VI Estación: LA VERÓNICA ENJUGA EL ROSTRO DE JESÚS

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo.


TODOS SE REÍAN de Vos, Señor mío, todos os herían, os ultrajaban. Vuestro divino Rostro, otrora radiante de hermosura, está ahora enteramente desfigurado. Sólo expresa el dolor, en su forma más aguda, más lacerante.

A los ojos de esa turbamulta, ¿qué papel haría quien os consolase, quien tomase vuestro partido, quien se declarase vuestro? Atraería sobre sí mucho del odio, del desprecio, de la humillación que sobre Vos se lanzaba como impetuoso torrente, desde lo íntimo de aquellos corazones empedernidos, y, más aún, desde todas las calles, plazas y callejuelas de la ciudad deicida.

La Verónica vio esto. Pero ella no tuvo miedo. Se aproximó de Vos. Os consoló. Y, ¡oh divina recompensa!, vuestro Rostro divino quedó para siempre estampado en el lienzo con que ella quiso enjugarlo.

Dios mío, quiera mi corazón consolaros siempre. Y especialmente cuando todos se avergüenzan de Vos, dadme fuerzas para consolaros, proclamando en alto y con fuerza a mi Divino Rey.

Como recompensa, no quiero otra sino tener vuestro Rostro estampado en mi corazón.


Padre Nuestro. Ave María. Gloria.

V. Ten piedad de nosotros, Señor.
R. Señor, ten piedad de nosotros.

V. Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz
R. Amén.



VII Estación: JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo.


CAÍSTEIS UNA VEZ MÁS, Divino Señor. ¡Cómo es duro el camino de la Cruz! Fue durísimo para Vos. Será también durísimo para vuestros seguidores.

Hay momentos en que todos los caminos parecen cerrados para nosotros, el Cielo se oscurece, las esperanzas desaparecen, las aprensiones pueblan de negros fantasmas nuestra imaginación. Las fuerzas comienzan a flaquear. No aguantamos más. Aunque caigamos debajo de la cruz, Dios mío, una vez más os suplicamos, por vuestras entrañas misericordiosas, por vuestro Corazón Sagrado, por el amor que tenéis a vuestra Madre, por los dolores crudelísimos que en este paso sufristeis, no permitáis que salgamos del camino del sufrimiento y de la virtud, y que tiremos lejos de nosotros la cruz. Socorrednos entonces, Señor mío de misericordia. Porque lo que queremos es el entero cumplimiento de nuestro deber.

Pero oíd, Dios benigno, la súplica de nuestra debilidad. Por lo mucho que sufristeis, por la superabundancia de vuestros méritos infinitos, mitigad, si es posible, nuestro sufrimiento, tornad más leve nuestra cruz, sed Vos mismo nuestro misericordioso Cirineo, en toda la extensión en que lo permitan nuestra santificación y los supremos intereses de vuestra gloria. Os lo pedimos, Señor, por la omnipotente intercesión de vuestra Madre.


Padre Nuestro. Ave María. Gloria.

V. Ten piedad de nosotros, Señor.
R. Señor, ten piedad de nosotros.

V. Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz
R. Amén.


VIII Estación: JESÚS CONSUELA A LAS HIJAS DE JERUSALÉN

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo.


VOS TUVISTEIS a la Verónica, Señor, y al inapreciable, si bien que pesarosísimo, consuelo de vuestra Madre. Y, en este paso, otras mujeres se acercan a Vos. ¡Lloran, gimen, se apiadan de Vos!

¿Cómo se llamarían estas buenas mujeres? El Evangelio no lo dice. ¿Cómo las trataban los soldados y el populacho que os martirizaban? Tampoco lo dice el Evangelio. Si ellos hablasen el lenguaje de nuestros días, ciertamente habrían exclamado: ¡Oh beatas!...

¡Beatas! Cuántas veces esta palabra se pronuncia con desprecio y dureza, para designar a las personas que sobresalen y se distinguen por su asiduidad a los pies de vuestros altares tantas veces abandonados, en la frecuencia a las ceremonias religiosas durante durante las cuales, a veces, sin ellas las iglesias habrían quedado casi vacías. Con lluvia o buen tiempo, se deslizan por las sombras de la madrugada o del crepúsculo, con paso apresurado. Van hacia la iglesia. Muchas van de prisa, porque tienen que trabajar, o en casa, o fuera. Rezan. Y su oración es a veces tan agradable que, sin aquello que peyorativa e injustamente se volvió convencional llamar beaterío, sería mucho más infeliz cualquier gran ciudad de pecadores de nuestros días.

Podrá a veces haber exceso, abuso, mala comprensión de muchas cosas. Pero ¿por qué generalizar la regla? ¿Por qué mirar apenas para las manchas, sin ver la luz de esa piedad perseverante e inextinguible? ¡Cuánto oro en esa escoria! Y cuando, después de haber contemplado así a esas almas entre las cuales muchas tienen tan gran mérito, se oyen ciertas declamaciones doctas contra el beaterío, se tiene el deseo de decir de los declamadores: ¡Señor, cuánta escoria en ese oro!

Ese verdadero beaterío, ese beaterío genuino y sincero ya estuvo a los pies de la Cruz, llorando y gimiendo. ¡Y cuánta gente que gusta decir que Judas no está en el infierno, pero que allí van ciertamente las beatas, quedará pasmado el día del Juicio Final!

Señor, aceptad y bendecid esas oraciones que en el curso de vuestra Pasión os fueron dirigidas. Vos disteis a estas pías mujeres su vocación: "Llorad". La vocación de llorar por los castigos que justos e inocentes sufren a consecuencia de los pecados colectivos, esa es su gran vocación. Que ese llanto, Señor, que Vos mismo incitasteis, sirva para que vuestras iglesias queden atestadas de beatos verdaderos, esto es, de bienaventurados de todas las edades y condiciones sociales, nobles, ricos, poderosos, pobres, andrajosos, infelices. Señor, conquistad y atraed a Vos a todas las almas, por las oraciones, el ejemplo y las palabras de las almas fieles, indefectiblemente fieles.


Padre Nuestro. Ave María. Gloria.

V. Ten piedad de nosotros, Señor.
R. Señor, ten piedad de nosotros.

V. Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz.
R. Amén.


IX Estación: JESÚS CAE POR TERCERA VEZ

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo.


HAY MISTERIOS que vuestro Santo Evangelio no narra. Y entre ellos me gustaría saber si me equivoco al suponer que ésta vuestra tercera caída fue hecha, Señor mío, para expiar y salvar a las almas de los prudentes.

La prudencia es la virtud por la cual escogemos los medios adecuados para obtener el fin que tenemos en vista. Así, los grandes actos de heroísmo pueden ser tan prudentes cuanto los retrocesos estratégicos. Si el fin es vencer, en un noventa por ciento de los casos es más prudente avanzar que retroceder. No es otra la virtud evangélica de la prudencia.

Sin embargo… se entiende que la prudencia es apenas el arte de retroceder. Y, así, el retroceso sistemático y metódico pasó a ser la única actitud reconocida como prudente por muchos de vuestros amigos, Señor mío.

Y por esto se retrocede mucho… ¿La realización de una gran obra para vuestra gloria se ha vuelto muy penosa? Se retrocede por prudencia. ¿La santificación está muy dura? ¿La escalada en la virtud multiplica las luchas en vez de aquietarlas? Se retrocede hacia los pantanos de la mediocridad, para evitar, por prudencia, grandes catástrofes. ¿La salud periclita? Se abandona, por prudencia, todo o casi todo apostolado, se "mediocriza" la vida interior, y se transforma el reposo en el supremo ideal de la vida, porque la vida fue hecha, ante todo, para ser larga. Vivir mucho pasa a ser el ideal, en vez de vivir bien. El elogio ya no sería como el de la Escritura: "En una corta vida recorrió una larga carrera" (Sabiduría 4, 13). Sería, por lo contrario, "tuvo larga vida, para la cual tuvo la sabiduría de renunciar a hacer una gran carrera en las vías del apostolado y de la virtud".

Vidas largas, obras pequeñas.

¿Y vuestra prudencia cómo fue, oh Modelo divino de todas las virtudes? ¿Cuántos amigos tenéis, que os aconsejarían a renunciar cuando caísteis por primera vez? En la segunda vez, serían legión. Y viéndoos caer por la tercera, ¡cuántos no os abandonarían escandalizados, pensando que erais temerario, falto de sentido común, que queríais violar los manifiestos designios de Dios!

Que este paso de vuestra Pasión nos dé las gracias, Señor, para ser de una invencible constancia en el bien, conociendo perfectamente el camino del verdadero heroísmo, que puede llegar a sus límites más extremos y más sublimes sin jamás confundirse con una vil y presuntuosa temeridad.


Padre Nuestro. Ave María. Gloria.

V. Ten piedad de nosotros, Señor.
R. Señor, ten piedad de nosotros.

V. Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz
R. Amén.


X Estación: JESÚS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo.


NO OS SERÍA EVITADA esta suprema afrenta, Dios mío. ¡Aquel Cuerpo divinamente casto que la Virgen Santísima protegió siempre con las vendas y túnicas que le hacía, aquel Cuerpo indeciblemente puro habría de quedar expuesto a todas las miradas!

Dios mío, ¿cómo no suponer que Vos hayáis expiado particularmente en este paso los pecados contra la castidad? El martirio de la desnudez es inmenso para un alma pura. Tiempo hubo en que, en Cartago, las cristianas conducidas a la arena, habiendo vencido milagrosamente a las fieras, fueron sometidas a martirio aún mayor por los magistrados, que las expusieron desnudas delante del auditorio, alegando saber que ellas preferirían mil veces morir despedazadas por las fieras. Y tenían razón. Si así sufrían las mártires, ¿cómo sufristeis Vos, Dios mío?

Y si tan grande es vuestro divino horror a la impureza y a la impudicia, ¿con qué odio no odiáis, Señor, a aquellos que abusan de su riqueza propagando modas indecentes, por medio de representaciones cinematográficas y teatrales, por medio de revistas y fotografías, por medio del ejemplo funesto que las clases altas dan a las más modestas? ¿Cómo no odiáis a aquellos que abusan de su autoridad, forzando a empleadas, a hijas y hasta a esposas, a vestirse de modo indecoroso para seguir las fantasías de la época? De ellos es de quien dijisteis en el Evangelio: "Más le valiera que le colgasen al cuello una de esas piedras de molino que mueve un asno, y así fuese sumergido en lo profundo del mar" (Mt. 18, 6).

Dad, a todos los que tienen por obligación combatir a la moda inmoral, coraje para tanto, Dios mío. A los padres, a las madres, a los profesores, a los patrones, y a los miembros de las asociaciones religiosas.


Padre Nuestro. Ave María. Gloria.

V. Ten piedad de nosotros, Señor.
R. Señor, ten piedad de nosotros.

V. Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz
R. Amén.


XI Estación: JESÚS ES CLAVADO EN LA CRUZ

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo.


QUANDO ABRAHAM, con una docilidad sublime a vuestra voluntad, Dios mío, iba a hacer caer sobre Isaac el cuchillo sacrificador, Vos detuvisteis, misericordiosamente, el curso del sacrificio. Con vuestro Hijo, sin embargo, no actuasteis así. Al contrario, Jesús mío, vuestro sacrificio llegó hasta el fin. Se hizo absolutamente entero. Cargasteis la Cruz hasta lo alto del monte. Y ahora, sois clavado en ella.

La Cruz está por tierra, Jesús mío, y Vos acostado en ella. Aumentan cruelmente vuestros dolores. Son tantos que, sin un auxilio sobrenatural, moriríais. Pero vuestra fuerza crece en la medida de vuestra divina misión. Tendréis todo cuanto sea necesario para llegar hasta la última inmolación.

Los laxistas, Señor mío, retroceden. Inficionados de determinismo, no saben que Dios multiplica por la gracia las fuerzas naturales insignificantes de la voluntad humana. Por eso retroceden delante del deber evidente, admiten inhibiciones invencibles donde muchas veces la única realidad es que les falta espíritu de mortificación, y consideran perdidas con honores de guerra muchas batallas de la vida espiritual. En la vida espiritual no se pierde con honores de guerra. Las honras de guerra consisten únicamente en vencer. Y vencer consiste en no dejar la cruz, incluso cuando se cae debajo de ella; consiste en perseverar en medio de los aparentes fracasos de las obras externas, de la adversidad, del agotamiento de todas las fuerzas. Consiste en llevar la cruz hasta lo alto del Gólgota, y, allá, dejarse crucificar.

Vos yacéis sobre vuestra Cruz acostado, ¡oh Dios mío! ¡Qué fracaso aparente para el Salvador del mundo, echado en tierra como un gusano, desfigurado como un leproso, y crucificado como un criminal! ¡Dios mío, cuánta y qué espléndida victoria en la realización de vuestros designios, a despecho de todos estos obstáculos!

Una vez más, meditando vuestra Pasión, se yergue en nosotros el clamor tumultuoso de nuestra pequeñez. Si es posible, Dios mío, apartad de nosotros el cáliz, pero, si es indispensable, dadnos fuerzas para llegar hasta la crucifixión.


Padre Nuestro. Ave María. Gloria.

V. Ten piedad de nosotros, Señor.
R. Señor, ten piedad de nosotros.

V. Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz
R. Amén.


XII Estación: JESÚS MUERE EN LA CRUZ

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo.


YA NO ESTÁIS por tierra, Dios mío. La Cruz lentamente se levantó. No para elevaros, sino para proclamar bien en alto vuestra ignominia, vuestra derrota, vuestro exterminio.

Sin embargo, era el momento de cumplirse lo que Vos mismo habíais enseñado: "Cuando fuese elevado, atraeré hacia Mí a todas las criaturas" (Jn. 12, 32). En vuestra Cruz, humillado, llagado, agonizante, comenzasteis a reinar sobre la Tierra. En una visión profética, visteis a todas las almas piadosas de todos los tiempos, que venían a Vos. Visteis el recato y el pudor de las Santas Mujeres, que ahí compartían vuestro dolor y con ese alimento espiritual se santificaban. Visteis las meditaciones de San Pedro y de los Apóstoles sobre vuestra Crucifixión, visteis las meditaciones de Lino, Cleto, Clemente, Sixto, Cornelio, Cipriano, Inés, Cecilia, Anastasia, todos aquellos santos que vuestra Providencia quiso que fuesen, diariamente y en el mundo entero, mencionados durante el Sacrificio de la Misa, porque la oblación de su santidad se hizo en unión con la oblación de vuestra Crucifixión. Visteis a los misioneros benedictinos que, conduciendo vuestra Cruz por los bosques de Europa, conquistaban más tierras que las legiones romanas. Visteis a San Francisco, que del Monte Alvernio os adoraba, y oísteis la prédica de Santo Domingo. Visteis a San Ignacio ardiendo de celo por el Crucifijo, reuniendo en torno de Vos a falanges de participantes de los Ejercicios Espirituales. Visteis a los misioneros que recorrían el Nuevo Mundo para predicar vuestro Crucifijo. Visteis a Santa Teresa llorando a vuestros pies. Visteis vuestra Cruz luciendo en la corona de los Reyes. Dios mío, en la Cruz comenzó vuestra gloria, y no en la Resurrección. Vuestra desnudez es un manto real. Vuestra corona de espinas es una diadema sin precio. Vuestras llagas son vuestra púrpura. ¡Oh! Cristo Rey, cómo es verdadero consideraros en la Cruz como un Rey. ¡Pero cómo es cierto que ningún símbolo expresa mejor la autenticidad de esa realeza como la realidad histórica de vuestra desnudez, de vuestra miseria, de vuestra aparente derrota!


Padre Nuestro, Ave María, Gloria.

V. Ten piedad de nosotros, Señor.
R. Señor, tened piedad de nosotros.

V. Que las almas de los fieles difuntos por la misericordia de Dios descansen en paz.
R. Amén.


XIII Estación: JESÚS YACE EN LOS BRAZOS DE SU MADRE

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo.


LA REDENCIÓN se consumó. Vuestro sacrificio se hizo por entero. La Cabeza sufrió cuanto tenía que sufrir. Restaba a los miembros del cuerpo sufrir también. Junto a la Cruz estaba María. ¿Para qué decir, aunque sea una palabra, sobre lo que Ella sufrió? Parece que el propio Espíritu Santo evitó describir lo lacerante del dolor que inundaba a la Madre como reflejo del dolor que superabundó en el Hijo. Él solo dijo: "Oh vosotros, que pasáis por el camino, parad y ved si hay dolor semejante a mi dolor" (Jer. 1, 12). Sólo una palabra lo puede describir: no tuvo igual en todas las puras criaturas de Dios.

¡Nuestra Señora de la Piedad! Así es que el pueblo fiel invoca a Nuestra Señora cuando la contempla sentada, con el cadáver divino del Hijo en sus brazos. Piedad, porque toda Ella no es sino compasión. Compasión del Hijo. Compasión de sus hijos, porque Ella no tiene sólo un hijo. Madre de Dios, se hizo Madre de todos los hombres. Y Ella no tiene apenas compasión del Hijo, también la tiene de sus hijos. Mira hacia nuestros dolores, nuestros sufrimientos, nuestras luchas. Nos sonríe en el peligro, llora con nosotros en el dolor, alivia nuestras tristezas y santifica nuestras alegrías. Lo propio del corazón de madre es una íntima participación en todo lo que hace vibrar el corazón de sus hijos. Nuestra Señora es nuestra Madre. Ama mucho más a cada uno de nosotros individualmente, aún al más miserable y pecador, de lo que podría hacerlo el amor sumado de todas las madres del mundo por un hijo único. Persuadámonos bien de esto. Es a cada uno de nosotros. Es a mí. Sí, a mí, con todas mis miserias, mis infidelidades tan ásperamente censurables, mis indisculpables defectos. Es a mí a quien así Ella ama. Y ama con intimidad. No como una reina que, no teniendo tiempo para tomar conocimiento de la vida de cada uno de sus súbditos, acompaña apenas en líneas generales lo que ellos hacen. Ella me acompaña a mí, en todos los detalles de mi vida. Conoce mis pequeños dolores, mis pequeñas alegrías, mis pequeños deseos. No es indiferente a nada. Si supiésemos pedir, si comprendiésemos la importunidad evangélica como una virtud admirable, ¡cómo sabríamos ser minuciosamente importunos con Nuestra Señora! Y Ella nos daría en el orden de la naturaleza, y principalmente en el orden de la gracia, muchísimo más de lo que jamás osaríamos suponer.

¡Nuestra Señora de la Piedad! Tanto valdría, o casi, decir Nuestra Señora de la Santa Osadía. Porque, ¿qué más puede estimular la santa osadía, osadía humilde, sumisa y conformada de un miserable, que la piedad maternal inimaginable de quien todo lo tiene?


Padre Nuestro, Ave María, Gloria.

V. Ten piedad de nosotros, Señor.
R. Señor, ten piedad de nosotros.

V. Que las almas de los fieles difuntos por la misericordia de Dios descansen en paz.
R. Amén.



XIV Estación: JESÚS ES COLOCADO EN EL SEPULCRO

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo.


AL MISMO TIEMPO que las pesadas lajas del sepulcro velan el Cuerpo del Salvador a las miradas de todos, la Fe vacila en los pocos que habían permanecido fieles a Nuestro Señor.

Pero hay una lámpara que no se apaga, ni parpadea, y que sola arde plenamente, en esta oscuridad universal. Es Nuestra Señora, en cuya alma la Fe brilla tan intensamente como siempre. Ella cree. Cree por entero, sin reservas ni restricciones. Todo parece haber fracasado. Pero Ella sabe que nada fracasó. En paz, aguarda la Resurrección. Nuestra Señora resumió y compendió en Sí a la Santa Iglesia, en esos días de tan extensa deserción.

Nuestra Señora, protectora de la Fe. Este es el tema de la presente meditación. De la Fe y del espíritu de fe, o sea del sentido católico. Hoy, a muchos ojos, las posibilidades de restauración plena de todas las cosas según la ley y la doctrina de Nuestro Señor Jesucristo parecen tan irremediablemente sepultadas cuanto a los Apóstoles parecía irremediablemente sepultado Nuestro Señor en su sepulcro. Los que tienen devoción a Nuestra Señora reciben de Ella, sin embargo, el inestimable don del sentido católico. Y, por eso, ellos saben que todo es posible, y que la aparente inviabilidad de los más osados y extremados sueños apostólicos no impedirá una verdadera resurrección, si Dios tuviere pena del mundo y el mundo corresponde a la gracia de Dios.

Nuestra Señora nos enseña la perseverancia en la fe, en el sentido católico y en la virtud del apostolado intrépido –"Fides intrépida"– incluso cuando todo parece perdido. La Resurrección vendrá pronto. Felices los que supieren perseverar como Ella, y con Ella. De ellos serán las alegrías, en cierta medida las glorias del día de la Resurrección.


Padre Nuestro, Ave María, Gloria.

V. Ten piedad de nosotros, Señor.
R. Señor, ten piedad de nosotros.

V. Que las almas de los fieles difuntos por la misericordia de Dios descansen en paz.
R. Amén.


Madaboute dijo...

¡Muy bien el Doctor Plínio, como siempre!

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