Bandera del Reyno Oriental del Uruguay

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miércoles, 25 de abril de 2012

Biblia Católica vs Biblia Protestante


A continuación un excelente video de Veritas el Camaras:


Haga clic aquí para ver el video.

domingo, 22 de abril de 2012

Sobre la obediencia...

Desde Catolicidad:

"DE LA OBEDIENCIA: EN GENERAL, DE LA RELIGIOSA Y EN EL MATRIMONIO

Un excelente escrito sobre qué es la autoridad, cómo ejercerla y cuáles son sus límites.


LA OBEDIENCIA EN GENERAL

Nos explica el Padre Ismael Box:

"Para Sto. Tomás la obediencia es la “oblación razonable firmada por voto de sujetar la propia voluntad a otro por sujetarla a Dios y EN ORDEN A LA PERFECCIÓN”.

Si la obediencia es virtud, ha de caminar entre dos extremos: la insumisión y la sujeción servil.

Pereza de pensar, cobardía de ser persona: una verdadera abominación.

Cuando la filosofía escolástica habla de la potencia obediencial, entiende por ella una cierta capacidad de educir de la materia una forma superior.

Y se pone el clásico ejemplo de un bloque de mármol del cual puede educirse una forma superior a sí: ser transformado por la mano del artista en una escultura a la que se siente impulsado, como Buonarotti, al decirle “parla” (a su estatua de Moisés).

Un superior puede sacar de los supuestos bloques de mármol que les son entregados para tallarlos un David o un W.C.

¿Qué cosa hace buena la obediencia?

¿Una cosa es buena porque está mandada o está mandada porque es buena?

A quienes tienen la pasión por el breakfast dogma (la devoción por desayunarse cada mañana con un nuevo dogma) por la mera ocasión de ejercitarse en la virtud del acatamiento, casi siempre la bondad de una determinada acción les viene del hecho de “estar mandado”, sin que se planteen demasiado, o casi nada, el bien objetivo que tal acción comportaría.

Para ciertas mentes débiles, la obediencia es un recurso de pereza intelectual y operativa: incapaces de una actividad pensante y una acción comprometida, siempre prefieren que les digan qué, cómo y cuándo deben hacerlo todo.

Dios manda obedecerle porque lo que manda es bueno. Un bien objetivo.

Y aunque ese bien no se vea demasiado claramente, por ser Dios quien es y haberlo mandado quien es la Suma Verdad y la Suma Bondad, la voluntad del hombre se somete libremente (con gusto o sin él) a la Voluntad divina.

Tratándose de un mandato humano, la cosa cambia.

Algo no es bueno por estar mandado, sino que está mandado porque es bueno.

La bondad objetiva de la cosas no puede cambiar ni por voluntad del superior gobernante, ni por el devenir histórico, ni por cualquier otra razón.

Lo que ha sido bueno antes, sigue siendo bueno ahora; y lo que antes era malo, también ahora lo es.

“Un árbol bueno, produce frutos buenos…”

Un buen superior no puede (no debe) mandar otra cosa que lo bueno.

Pero la historia vieja y la contemporánea nos demuestran que muchos buenos mentecatos (mens, mentis, captus = el que tiene capturada la mente, o el alma) creyendo hacer el bien, por obediencia, terminan causando grandes males.

El principio de cierta claridad sobre un asunto tan complicado nos lo ofrece el mismo Evangelio:

"Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en un hoyo?" (Lc 6, 39 ss).

Es muy cierto que “Los que llevados de cualquier pasión, o por ignorancia o por malicia, sabiéndolo o no sabiéndolo, quieren hacer un “cadáver” literal de sus súbditos, o bien se sujetan al superior con el servilismo inerte de estólidos “bastones”; pecan, abusan del don de Dios, desacreditan a Cristo” (P. Leonardo Castellani, op.cit. “Cristo y los fariseos”).

La obligación de la obediencia, cesa por incumplimiento por parte de uno de los “contratantes” (en aquello que el superior manda mal o abusa de su autoridad).

Genicot, sostiene que el súbdito que notase en el superior señales inequívocas y habituales de hostilidad o enemistad, no estaría obligado a obedecerle en los mandatos donde no se vea temor, pues un enemigo nos desea de suyo la destrucción…

Podríamos enumerar una larga lista de santos y doctores “desobedientes” que a la larga, sacaron a la Iglesia de ese estado de modorra o sueño profundo que fue aprovechado por sus enemigos para sembrar la cizaña:

Atanasio el Grande, Eusebio, Juan Crisóstomo, Catalina de Siena...

“El que obedece no se equivoca”, me dice Mentecato. Una media verdad…

Le respondo: “Si un ciego guía a otro ciego; ¿no caerán ambos en la fosa?”. Verdad del Evangelio.

De la media verdad y de la verdad podemos inferir, sin demasiadas pretensiones lógicas, que ambos se equivocan: mandando y obedeciendo.

Pero el que manda tiene mayor culpa:

“El servidor que, conociendo la voluntad de su señor, no tuvo las cosas preparadas y no obró conforme a lo que él había dispuesto, recibirá un castigo severo. Pero aquél que, sin saberlo, se hizo también culpable, será castigado menos severamente. Al que se le dio mucho, se le pedirá mucho; y al que se le confió mucho, se le reclamará mucho más”. (Cf Lc 12, 47. 48).

Dice el Apóstol: “Todos han de someterse a las potestades superiores; porque no hay potestad que no esté bajo Dios, y las que hay han sido ordenadas por Dios. Por donde el que resiste a la potestad, resiste a la ordenación de Dios; y los que resisten se hacen reos de juicio” (Rom 13, 1,2)

Encarece Pablo la obediencia a las legítimas autoridades temporales, base de toda convivencia y orden.

Esto supuesta la racionabilidad del mandato en orden al bien común.

Innumerables textos de la Sagrada Escritura señalan el altísimo y sublime valor de la obediencia, a la que exaltan por encima de todos los holocaustos y sacrificios.

OBEDIENCIA RELIGIOSA

Y la obediencia religiosa seguirá siendo fuente de santificación.

Tratándose de la gloria de Dios, nada debe amedrentar al súbdito en el seguimiento fidelísimo de lo dispuesto por los superiores.

De la gloria de Dios. No de la gloria, el capricho o la locura de los mismos.

Porque es igualmente cierto que: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres…” (Hech 5)

Los votos hacen al religioso una cosa sagrada.

Según la mayoría de los teólogos usar del mandato BAJO SANTA OBEDIENCIA de cualquier manera, para cosas absurdas, irrazonables, fútiles, inútiles, inconsideradas o simplemente menores en volumen o ridículas en importancia, ES PECADO GRAVE.

El ejemplo de los mártires y los nuevos mártires:

Cuando la Iglesia Apostólica se lanzó al mundo pagano, insertándose en él, no para mundanizarse, sino para convertirlo, tuvo muy claro, bajo la enseñanza de sus Columnas, que había de someterse a toda humana autoridad, a ejemplo de Cristo, que no vino a ser servido sino a servir.

Su servicio fue el servicio a la Verdad de Cristo. Su reinado fue someterse a Cristo y someter a su imperio moral la vida de los hombres y la tierra misma.

En ningún momento, como hemos visto, los Apóstoles incitaron a los cristianos a desobedecer a quienes estaban constituidos en autoridad, al contrario.


Del mismo modo, en el seno de la naciente Iglesia, cuidaron que se prestara igual obediencia a sus sucesores, a quienes constituyeron en testigos de la Verdad, previniéndoles sobre la aparición de falsos pastores y hombres necios que no resistirían la sana doctrina.

Pero aquellos cristianos, además de buenos y santos, eran inteligentes.

Se dieron cuenta de lo que se quería decir y qué cosas debían obedecer… No eran mentecatos.

Los mártires, fueron tales, por desobedecer a los perseguidores de la Iglesia quienes les mandaban sacrificar a los falsos dioses.

La cosa estaba suficientemente clara, ninguno de ellos entró en conflicto o escrúpulo porque el que mandaba era Diocleciano, Decio o Nerón, soberanos emperadores constituidos en autoridad.

Como tampoco entraron en conflicto, avanzada la historia, otros mártires que sufrieron el destierro o la muerte, por oponerse a obispos y prelados herejes que les ordenaban obedecer sus mandatos.

En síntesis: que en materia que afecte a la fe y a los mandamientos de Dios, siempre se ha tenido claro –por todos, en todo tiempo y en todas partes-* que el valor de referencia para obedecer es la continuidad de lo mandado con la Tradición de la Iglesia...

Rota la continuidad, se rompe la obediencia.

Para el Padre Leonardo Castellani (“Cristo y los fariseos”) la obediencia religiosa está enderezada a la perfección evangélica; sólo puede producirse en el clima de la caridad; y el abuso de la autoridad no solamente la hace imposible sino que constituye una especie de profanación o sacrilegio.

EL EJEMPLO DE SANTO TOMÁS MORO

Recogemos los testimonios documentados del final del proceso a Tomás Moro (que fue preso y posteriormente decapitado por oponerse al cisma de Enrique VIII). Parte de su diálogo con Norfolk y Audeley.

Audeley remite por enésima vez al argumento de los votos de los obispos, de los eruditos y de las universidades, el ex Canciller responde:

“Dudo de que no sea más cierto que, quizá no en este reino, pero sí en toda la cristiandad**, la mayor parte de los obispos eruditos y de los hombres virtuosos que aún están en vida son en este asunto de la misma opinión que yo. Y si tuviera que hablar de los que ya murieron, estoy completamente seguro de que la mayoría de ellos pensaban exactamente de la misma manera que yo ahora. Por eso no estoy obligado, Mylord, a adaptar mi conciencia, en contra del concilio universal de los cristianos, al concilio de únicamente un reino. Pues de dichos santos obispos puedo contraponer más de cien a cada uno de los Vuestros; y en contra de Vuestro Concilio o Parlamento –Dios sabe qué es- están todos los concilios que se han celebrado en los últimos mil años. Y contra este reino están todos los demás reinos cristianos… Por eso invoco a Dios, cuya mirada es la única que penetra en las profundidades del corazón humano, para que Él sea mi testigo. Pero sea como sea: No buscáis mi sangre tanto por esta supremacía, como porque no he querido aprobar el matrimonio (el falso matrimonio de Enrique VIII)”.


Audeley: “Maestro Moro, Vos queréis que se os tenga por más sabio y con mejor conciencia que todos los obispos y nobles, que todo el reino entero”.

Norfolk: “Ahora, Moro, se evidencia claramente vuestra maldad”.

Moro: “Mylord, lo que digo aquí es necesario tanto para revelar mi conciencia como para tranquilizar mi alma, y para eso pongo a Dios por testigo, que es el único que conoce los corazones de los hombres”.

Es sabido que la ironía irrita a los santulones. También lo supo Moro, quien la tuvo en el grado más fino y más justo, como la tuvo hasta el mismo Cristo a quien le dijeron los “doctores”: “Maestro, hablando así, también nos ultrajas a nosotros…”

Pro bono pacis, como se dice, y siempre obedeciendo, hemos llegado a situaciones que debieran avergonzarnos cuando leemos la vida de los santos.

Vistas así las cosas, me impugnará Mentecato:

“Cuando no puedas alabar, has de callar”

Y sigue mi amigo con las medias verdades.

Si esa hubiera sido la máxima de Cristo, el Bautista, los Apóstoles y los Mártires, por no llamar raza de víboras, sepulcros blanqueados, guías ciegos, hipócritas y toda la letanía de piropos que no mezquinaron a los constituidos en autoridad, comportándose como correctos escolares, no habría ni Evangelio, ni fe sobre la tierra… La poca que queda… Lo dice el Señor, no yo.

¿Se dan hoy estas situaciones, así tan extremas como Mentecato piensa que las describo?

¿Estamos condenando la desobediencia que no es de nuestro signo y justificando la que nos conviene?

Cuando algo va directamente en contra de las verdades de la Fe, la Ley de Dios y su Culto, todo ello tal como lo ha interpretado y vivido la Tradición y las tradiciones de la Iglesia, su seguimiento, lejos de ser un acto virtuoso, por más piadosamente que se obedezca, es una falta grave.

Claro que es más cómodo callarse y obedecer cuando ponen en manos de un catequista un catecismo que distorsiona las verdades reveladas; cuando se militariza uniformando cierta comunidad (porque todos debemos hacer lo mismo); cuando en una casa de altos estudios (católica, por supuesto) se ignora la doctrina social de la Iglesia no reconociendo los derechos sociales de sus “empleados”; cuando –jugándose los intereses personales de ascenso- siempre se dice sí a lo que venga…

Es más cómodo ser obediente. Total uno obedeciendo, nunca se equivoca (como afirman los que hacen de una media verdad un dogma)…"

Texto tomado del escrito: "Obediencia, la virtud peligrosa" del P. Ismael Box . Notas abajo del post.

"Esposa te doy y no sierva", dice la liturgia


LA OBEDIENCIA EN EL MATRIMONIO

I. ¿CÓMO DEBE TRATAR A SU MUJER Y EJERCER SU AUTORIDAD EL ESPOSO?

El Apóstol San Pablo dijo: «Hombres, amad a vuestras esposas como Cristo amó a su Iglesia; a la cual ciertamente amó con aquel amor suyo infinito, NO POR SU BIEN PROPIO, SINO PROPONIÉNDOSE EXCLUSIVAMENTE EL BIEN DE LA ESPOSA»

II. ¿QUÉ DICE LA IGLESIA AL ESPOSO DURANTE EL SACRAMENTO DEL MATRIMONIO?

"Esposa te doy, y no sierva"

III. ¿CUÁL DEBE SER LA ACTITUD DE LA ESPOSA CON RESPECTO DE SU MARIDO?

Dice San Pablo: "Estén sujetas las mujeres a sus maridos como al Señor, pues que el varón es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza de la Iglesia".

IV. ¿LOS FUNDAMENTOS GENERALES SEÑALADOS EN LA PRIMERA PARTE DE ESTE POST APLICAN TAMBIÉN PARA EL MATRIMONIO?

Por supuesto, pues son principios para cualquier autoridad. La autoridad del esposo debe ser ejercida con caridad genuina, buscando exclusivamente el bien de la esposa y del matrimonio como tal. El marido no debe imponer de cualquier manera una plena autoridad "para cosas absurdas, irrazonables, fútiles, inútiles, inconsideradas o simplemente menores en volumen o ridículas en importancia", como explica el P. Ismael Box respecto de la autoridad en asuntos eclesiásticos, pues estos principios aplican para toda autoridad. Mucho menos tiene derecho de ejercerla en aspectos que dañen -de cualquier manera- a su esposa o sus hijos, o sean contrarios a la voluntad de Dios. La autoridad debe ejercerse sólo para edificación y no para destrucción. Si San Pablo habla que el esposo debe buscar exclusivamente el bien de la esposa y no el bien propio, la autoridad no puede imponerse con violencia verbal y mucho menos física, pues ésta es más grave y vil cuando quien la ejerce es la parte fuerte que debería, por el contrario, ser no sólo la parte proveedora sino también la protectora. El marido que emplea la violencia -por mínima que sea- contra su esposa, se deshonra gravemente y se degrada a sí mismo. El mandato evangélico es claro: "amad a vuestras esposas como Cristo amó a su Iglesia". La mujer ciertamente debe estar sujeta al marido, pues éste es su cabeza, pero la sujeción no implica servidumbre. Bien lo dice la liturgia: "Esposa te doy, y no sierva".

V. ¿QUÉ MALES SE PRESENTAN EN LA ACTUALIDAD?

Principalmente tres:

a) La "liberación" de la mujer, que implica su desfeminización, su rebeldía a todo principio moral y su desconocimiento de la legítima autoridad de su esposo como cabeza de la familia.

b) Paradójicamente se presentan los dos polos opuestos en el hombre: El grave abuso de autoridad por parte de algunos esposos o la abdicación de su papel como cabeza de la familia, en otros.

c) Por ambos cónyuges: La facilidad para destruir un matrimonio ante cualquier dificultad seria que se presente. Muestran una gran debilidad. Habiéndo jurado amarse y respetarse hasta que la muerte los separe, no tienen la conciencia de su obligación de hacer que su matrimonio no fracase y en vez de emplear todos los medios, se rinden con facilidad ante las desavenencias serias que se llegan a sucitar. ¿Dónde dejan aquello de que lo que Dios une no puede separarlo el hombre?

VI. ¿QUÉ DICE PÍO XI?

LA OBEDIENCIA (Tomado de su Encíclica ‘Casti Connubii’ Sobre el Matrimonio Cristiano. Excelente para estudiar este sacramento):
"25. Por este mismo amor deben ir informados los restantes derechos y deberes del matrimonio, de modo que no sólo sea ley de justicia, sino también norma de caridad, aquello del Apóstol: Satisfaga el marido su débito a la mujer; e igualmente, la mujer al marido.

26. Consolidada, por último, la sociedad doméstica con el vínculo de este amor, es necesario que florezca en ella lo que San Agustín llama jerarquía del amor. Jerarquía que comprende tanto la primacía del varón sobre la esposa y los hijos cuanto la diligente sujeción y obediencia de la mujer, que recomienda el Apóstol en estas palabras: Estén sujetas las mujeres a sus maridos como al Señor, pues que el varón es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza de la Iglesia.

27. Esta obediencia no niega, sin embargo, ni suprime la libertad que con pleno derecho corresponde a la mujer, tanto por la dignidad de la persona humana, cuanto por sus nobilísimas funciones de esposa, de madre y de compañera; ni la obliga a dar satisfacción a cualesquiera apetencias del marido, menos conformes acaso con la condición y dignidad de esposa; ni, finalmente, enseña que la mujer haya de estar equiparada a las personas calificadas en derecho de menores, a las que no suele concederse el libre ejercicio de sus derechos o por insuficiente madurez de juicio o por desconocimiento de los asuntos humanos; sino que prohíbe aquella exagerada licencia que no se cuida del bien de la familia, prohíbe que en este cuerpo de la familia se separe el corazón de la cabeza con grave daño y con próximo peligro de ruina. Porque, si el varón es la cabeza, la mujer es el corazón, y como aquél tiene la primacía del gobierno, ésta puede y debe reivindicar para sí como propia la primacía del amor.

28. Esta obediencia de la esposa al marido, además, puede ser diversa cuanto al grado y al modo, conforme las diversas circunstancias de personas, lugares y tiempos; es más, si el marido faltare a sus obligaciones, corresponde a la esposa hacer sus veces en la dirección de la familia. Pero torcer o destruir la estructura misma de la familia y su ley principal, constituida y confirmada por Dios, eso no es lícito ni tiempo ni en lugar alguno.

29. Muy sabiamente enseña nuestro predecesor León XIII sobre el mantenimiento de este orden entre la esposa y el marido, en su citada encíclica sobre el matrimonio cristiano: «El varón es el jefe de la familia y cabeza de la mujer; la cual, sin embargo, puesto que es carne de su carne y hueso de sus huesos, deberá someterse y obedecer al marido NO COMO ESCLAVA, SINO COMO COMPAÑERA, de modo que jamás estén ausentes de la prestación de esta obediencia ni la honestidad ni la dignidad. Sea el amor divino el perpetuo moderador del deber de cada uno, tanto del que manda cuanto de la que obedece, ya que ambos son imágenes, el uno de Cristo y la otra de la Iglesia» .

30. En el bien de la fidelidad, por consiguiente, van implicadas unidad, castidad, amor y obediencia noble y honesta, que en la diversidad de sus nombres encierra otros tantos beneficios de los cónyuges y del matrimonio, y en los cuales se sustenta sobre seguro y se desarrollan la paz, la dignidad y la felicidad conyugal. No es extraño, por tanto, que la fidelidad se haya contado siempre entre los más excelsos y peculiares bienes del matrimonio."

* San Vicente de Lerins.
**Cuando todavía existía.
Subtítulos y paréntesis de CATOLICIDAD.
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domingo, 1 de mayo de 2011

¡Feliz día de los trabajadores!


¡Feliz día a todos los trabajadores! ¡Arriba el trabajo! ¡NO al capitalismo! ¡NO al comunismo! ¡Abajo la lucha de clases!
A continuación os dejo una serie de textos del pensamiento social del Carlismo, para reflexionar sobre este día:

"Ante el 1º de Mayo, textos del Pensamiento Social Carlista. Leer más.


lunes, 28 de marzo de 2011

El mandato cristiano de amar a la Patria

Artículo tomado del blog español de Cantabricus Impetus, llamado "Patria española"; dice lo siguiente:



"Sábado 12 de marzo de 2011

El mandato cristiano de amar a la Patria.


Juan Pablo II, en el último de sus libros, Memoria e identidad, dedica todo un capítulo a hablar sobre el patriotismo:

“Si se pregunta por el lugar del patriotismo en el decálogo –escribe el recientemente fallecido Papa- la respuesta es inequívoca: es parte del cuarto mandamiento, que nos exige honrar al padre y a la madre. Es uno de esos sentimientos que el latín incluye en el término pietas, resaltando la dimensión religiosa subyacente en el respeto y veneración que se debe a los padres, porque representan para nosotros a Dios Creador. Al darnos la vida, participan en el misterio de la creación y merecen por tanto una devoción que evoca la que rendimos a Dios Creador. El patriotismo conlleva precisamente este tipo de actitud interior, desde el momento que también la patria es verdaderamente una madre para cada uno. Patriotismo significa amar todo lo que es patrio: su historia, sus tradiciones, la lengua y su misma configuración geográfica. La patria es un bien común de todos los ciudadanos y, como tal, también un gran deber”.

No se trata de un tema opinable, en el que Karol Wojtyla propone su visión personal sobre el asunto, ni es tampoco una cuestión novedosa, sino que el predecesor de Benedicto XVI se limita a exponer el Magisterio de siempre de la Iglesia sobre la virtud cristiana del patriotismo, sobre el deber cristiano -derivado del cuarto mandamiento de la ley de Dios- de amar a la patria.

El Catecismo de la Iglesia Católica afirma que el cuarto mandamiento se extiende a los deberes de los ciudadanos respecto a su patria (2199) “El amor y el servicio de la patria forman parte del deber de gratitud y del orden de la caridad”. (2239).

El Concilio Vaticano II, en la Constitución Gaudium et spes y en el Decreto Apostolicam actuositatem, aborda asimismo el tema del patriotismo: “Los ciudadanos deben cultivar la piedad hacia la patria con magnanimidad y fidelidad. En el amor a la patria y en el fiel cumplimiento de los deberes civiles, siéntanse obligados los católicos a promover el verdadero bien común”.

Pío XI, en la encíclica Divini illius magistri, afirma: “El buen católico, precisamente en virtud de la doctrina católica, es por lo mismo el mejor ciudadano, amante de su patria y lealmente sometido a la autoridad civil constituida, en cualquier forma legítima de gobierno”.

León XIII, en Sapientiae christianae enseña que el amor a la patria es de ley natural: “Por la ley de la naturaleza estamos obligados a amar especialmente y defender la sociedad en que nacimos, de tal manera que todo buen ciudadano esté pronto a arrostrar hasta la misma muerte por su patria”.

También han hablado los Romanos Pontífices sobre los pecados, por exceso o por defecto, contra el sano patriotismo. Se peca por exceso incurriendo en nacionalismo exagerado cuando el amor patrio “que de suyo es fuerte estímulo para muchas obras de virtud y de heroísmo cuando está dirigido por la ley cristiana, pasados los justos límites, se convierte en amor patrio desmesurado” (Pío XI. Ubi arcano Dei consilio); pero también se puede pecar, por defecto, de cosmopolitismo: “No hay que temer que la conciencia de la fraternidad universal, fomentada por la doctrina cristiana, y el sentimiento que ella inspira, se opongan al amor, a la tradición y a las glorias de la propia patria, e impidan promover la prosperidad y los intereses legítimos; pues la misma doctrina enseña que en el ejercicio de la caridad existe un orden establecido por Dios, según el cual se debe amar más intensamente y ayudar preferentemente a los que nos están unidos con especiales vínculos. Aun el Divino Maestro dio ejemplo de esta preferencia a su tierra y a su patria, llorando sobre las inminentes ruinas de la Ciudad santa” (Pío XII. Summi Pontificatus).

Santo Tomás de Aquino, en su Suma Teológica, prescribe el culto a la patria: “Aunque de modo secundario, nuestros padres, de quienes nacimos, y la patria, en que nos criamos, son principio de nuestro ser y gobierno. Y, por tanto, después de Dios, a los padres y a la patria es a quienes más debemos. De ahí que como pertenece a la religión dar culto a Dios, así, en un grado inferior, pertenece a la piedad darlo a los padres y a la patria. Y en el culto de la patria va implícito el de los conciudadanos y el de todos los amigos de la patria. La piedad se extiende a la patria en cuanto que es en cierto modo principio de nuestra existencia, mientras que la justicia legal tiene por objeto el bien de la misma en su razón de bien común”. (Suma Teológica - II-IIae (Secunda secundae) q. 101)

Ramiro de Maeztu, en su Defensa de la Hispanidad, recoge las siguientes frases de San Agustín, Padre de la Iglesia: “Ama siempre a tus prójimos, y más que a tus prójimos, a tus padres, y más que a tus padres, a tu patria, y más que a tu patria, a Dios”. “La patria es la que nos engendra, nos nutre y nos educa .Es más preciosa, venerable y santa que nuestra madre, nuestro padre y nuestros abuelos. Vivir para la patria y engrendar hijos para ella es un deber de virtud. Pues que sabéis cuán grande es el amor de la patria, no os diré nada de él. Es el único amor que merece ser más fuerte que el de los padres. Si para los hombres de bien hubiese término o medida en los servicios que pueden rendir a su patria, yo merecería ser excusado de no poder servirla dignamente. Pero la adhesión a la ciudad crece de día en día, y a medida que más se nos aproxima la muerte, más deseamos dejar a nuestra patria feliz y próspera”.

Resumiendo lo hasta aquí visto, el dominico Royo Marín, al tratar en su Teología moral para seglares los fundamentos teológicos del patriotismo, nos ofrece una concisa pero completa síntesis de la doctrina tradicional de la Iglesia sobre el amor a la patria:

“Cuatro son las principales virtudes cristianas que se relacionan más o menos de cerca con la patria:
a) La piedad, que nos inspira formalmente el culto y veneración a la patria en cuanto principio secundario de nuestro ser, educación y gobierno. En este sentido se dice rectamente que la patria es nuestra madre.
b) La justicia legal, que nos relaciona con la patria, considerando el bien de la misma como un bien común a todos los ciudadanos, que tienen todos ellos obligación de fomentar.
c) La caridad, cuyo recto orden obliga, en igualdad de condiciones, a preferir al compatriota antes que al extranjero.
d) La gratitud, por los inmensos bienes que la patria nos ha proporcionado y los servicios inestimables que continuamente nos presta”.
En cuanto a los deberes generales para con la patria, Royo Marín afirma que “pueden reducirse a uno solo: el patriotismo, que no es otra cosa que el amor y la piedad hacia la patria en cuanto tierra de nuestros mayores o antepasados. Sus principales manifestaciones son cuatro:
a) Amor de predilección sobre todas las demás naciones; perfectamente conciliable, sin embargo, con el respeto debido a todas ellas y la caridad universal, que nos impone el amor al mundo entero.
b) Respeto y honor a su historia, tradición, instituciones, idioma, etc, que se manifiesta, v.gr., saludando o inclinándose reverentemente ante los símbolos que la representan, principalmente la bandera y el himno nacional.
c) Servicio, como expresión efectiva de nuestro amor y veneración. El servicio de la patria consiste principalmente en el fiel cumplimiento de sus leyes legítimas, sobre todo las relativas a tributos e impuestos, condición indispensable para su progreso y engrandecimiento; en el desempeño desinteresado de los cargos públicos que el bien común nos exija; en el servicio militar obligatorio y en otras cosas por el estilo.
d) Defenderla contra sus perseguidores y enemigos interiores o exteriores: en tiempo de paz, con la palabra o con la pluma, en tiempo de guerra, empuñando las armas y dando generosamente la vida, si es preciso, por el honor o la integridad de la patria”.

Según este mismo autor, al sano patriotismo se “oponen dos pecados:
a) Por exceso se opone el nacionalismo exagerado, que ensalza desordenadamente a la propia patria como si fuera el bien supremo y desprecia a los demás países con palabras o hechos, muchas veces calumniosos o injustos.
b) Por defecto se opone el internacionalismo de los hombres sin patria, que desconocen la suya propia con el especioso pretexto de que el hombre es ciudadano del mundo”.

Así pues, ni el nacionalismo exacerbado ni el cosmopolitismo son opciones legítimas para un cristiano, sino pecados contrarios al cuarto de los preceptos del decálogo. Si amar a la patria más que a Dios es idolatría, amar a Dios sin amar a la patria es mentira, porque a Dios se le ama, precisamente, cumpliendo sus mandatos, entre los cuales honrar a la patria es el primero de la segunda tabla de la ley que Yahvé esculpió en el Sinaí. No existe contradicción entre el amor a la patria y el amor a Dios. Contradictorio es, más bien, pretender amar a Dios sin amar a la patria.

José María Permuy Rey,
http://hispanismo.org"

sábado, 26 de marzo de 2011

In Memoriam a Monseñor Marcel Lefebvre

sábado 26 de marzo de 2011

In Memoriam a Marcel Lefebvre

Ayer se cumplieron los veinte años del deceso del gran luchador de la Cristiandad, defensor de la Fe y la Tradición, el gran Monseñor Marcel Lefebvre. ¡He aquí el homenaje del Club Monárquico de Río Branco, El Cuartito del Fondo, y todo el Fondo Amplio hacia tan grande figura!
Y para complementar el homenaje, lo que dice la SXS:

"Viernes 25 de marzo de 2011

Homenaje a Monseñor Marcel Lefebvre

IN MEMORIAM.
Monseñor Marcel Lefebvre fue Arzobispo-Obispo emérito de Tulle y el fundador de la impresionante Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX). La SXS homenajea a esta gran figura, defensor ferviente de la Tradición (que se enfrentó a los errores del Conciliábulo Vaticano II), a veinte años de su fallecimiento.
Tourcoing, Francia-29/11/1905-a-Martigny, Suiza-25/3/1991.
Homenaje de Crux et Gladius: haga clic aquí y vea el video.
Monseñor Marcel Lefebvre: ¡Presente!

1 comentarios:

Madaboute dijo...

¡Viva Monseñor Marcel Lefebvre!


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